Los números de 2010

•3 enero 2011 • 1 comentario

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El Blog-Health-o-Meter™ indica: Más fresco que nunca.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 7,000 veces en 2010. Eso son alrededor de 17 Boeings 747-400.

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The busiest day of the year was 1 de marzo with 117 views. The most popular post that day was De Realidad a la Neorrealidad en el Cine.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran alphainventions.com, facebook.com, es.wordpress.com, mail.live.com y rockandroll.com.mx.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por 500 days of summer, toy story 3, sherlock holmes, vertigo hitchcock y robert downey jr.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

De Realidad a la Neorrealidad en el Cine marzo, 2010

2

La Obsesión en Tonos de Azul enero, 2010
1 comentario

3

Los Juguetes Eternos, La Diversión Interminable junio, 2010

4

El Extraordinario Caso de Sherlock Holmes por el Ingenioso Guy Ritchie enero, 2010
1 comentario

5

La Acrofobia de una Creatividad Clásica Cinematográfica. marzo, 2010

La Distanciada Realidad de la Familia Posmoderna.

•13 octubre 2010 • Dejar un comentario

Please, Give – 2010 – (Estados Unidos) – Calif. 7.4/10

Duración: 90 Min.

Dirección: Nicole Holofcener.

Guión: Nicole Holofcener.

Producción: Anthony Bregman, Stefanie Azpiazu & Caroline Jaczko.

Producción Ejecutiva: ———————-.

 Cinematografía (Fotografía): Yaron Orbach.

Dirección de Arte: Lauren Fitzsimmons.

Diseño de Producción: Mark White.

Edición: Robert Frazen.

Música: Marcelo Zarvos.

Reparto: Rebeca Hall (Rebeca), Catherine Keener (Kate), Amanda Peet (Mary) & Oliver Platt (Alex).

Género: Drama, Novísimo Cine Norteamericano.

Cada vez más llegan a nuestro país y a nuestra ciudad (Ciudad de México) películas norteamericanas que tratan de salir un poco, o casi totalmente, del estereotipo Hollywoodense, un estilo de cinematografía que pretende regresar la humanidad y la reflexión inmediata de una sociedad que ha cambiado desde su base la forma en cómo se comprende la vida, especialmente dentro de espacios urbanos, la familia norteamericana y prácticamente de cualquier parte del mundo se ha fragmentado en los últimos tiempos, y el cine como parte reflector de la realidad no se ha quedado atrás en representar de distintas formas este resquebrajamiento, autores como Wes Anderson con “The Royal Tenenbaums” (Los Excéntricos Tenenbaum, 2001) o Zach Braff y su “Garden State” (Tiempo de Volver, 2004) dan cuenta de que el cine “independiente” norteamericano voltea a lo más esencial de su estructura social, el núcleo familiar. Esta película de Nicole Holofcener goza de un grupo de protagonistas muy interesantes, en cierta forma una familia y demás individuos que se relacionan de manera inmediata tanto para mantener un pie en la realidad como para sacar un provecho de esas relaciones directas o indirectas. El protagonismo se divide en la disfuncionalidad y en la engañosa aceptación de una dinámica de supuesta felicidad, una aceptable representación llevada por la cuasi contemplación de una posmodernidad que aísla a los propios personajes, de un novísimo cine norteamericano donde todo tiene una conexión en tono trágico, y que juega con la esperanza y el pesimismo.

Kate (Catherine Keener) es una mujer madura que vive en la ciudad de New York con su esposo e hija, se dedica a encontrar muebles considerados “vintage” o “antiguos” de personas que ya no lo necesitan y revenderlos a precios un tanto excesivos, pero la historia se concentra más en el proceso de aceptación de Kate dentro de una sociedad que dista mucho de ser igualitaria, haciendole pensar y generar una conciencia con respecto a ciertos fenómenos que le rodean, principalmente de la pobreza y del olvido en que muchas personas viven dentro de las ciudades, por eso trata de dar dinero y ayuda a cualquier indigente e individuo que parezca necesitarla, cuestión que le ocasiona problemas con su hija adolescente Abby (Sarah Steele), quien debido a su etapa de formación le exige ciertos tipos de lujos que Kate no está dispuesta a cumplir. Mientras tanto Kate y su marido Alex (Oliver Platt) tiene la idea de comprar el departamento de un lado para ampliar su casa, solo deben esperar la muerte de la avejentada y excesivamente sincera Andra (Ann Guilbert) quien es visitada constantemente por sus sobrinas Rebecca (Rebecca Hall) y Mary (Amanda Peet).

La principal característica de esta película, y de todas aquellas perteneciente a esta curiosa forma de hacer cine, reside en una crítica muy directa de las transformaciones sociales, que se crean desde los espacios urbanos como lugares por excelencia de la vida actual, la indiferencia y la cada vez mayor falta de relación del individuo con sus semejantes pese a la inmensidad de una masa de población donde reside, en otras palabras la impersonalidad en la que el individuo social se ha refugiado en lugares donde se convive con millones de otras personas. Y esta película refleja muy bien ese desconocimiento que se tiene actualmente hasta de los vecinos directos, estas urbes como New York han convertido al ser humano en un ser completamente individualista pero con una necesidad masoquista de limitarse su espacio y de sortear el inevitable contacto con millones iguales a su condición. Pero a pesar de este aislamiento que se puede comprobar a diario en las ciudades y que en la representación de la película resulta muy evidente, sobre todo en la joven Rebecca quien parece no tener ningún tipo de interés por conseguir pareja, y ni siquiera existe una preocupación por su situación, sino una idea de conformismo extremo.

La inseguridad y el engaño muchas veces inconscientemente de los protagonistas dota a la historia de una autenticidad muy peculiar, ya que muchas de las emociones son controladas, o sea no existe una dramatización más allá de lo que los intérpretes podrían entender como “natural”, y que grandes actores de este ambiente “indie” del cine de Hollywood como Catherine Keener y Oliver Platt se desempeñan con gran solvencia. Todos los que intervienen en la pantalla tienen un secreto o un engaño que esconder de los demás, ya sea desde la inseguridad, un amorío, un berrinche, la desesperación, el sentirse atrapada en una relación monótona, etc., lo que es expresado por todos desde una represión un tanto egoísta ya que mantiene en constante tensión la situación casi cotidiana de la acción que nos presentan en pantalla. Como parte de una contemplación posmoderna de la misma directora encontramos en estas represiones emocionales un desencanto del mito y de la ilusión que Hollywood ha establecido con el concepto de amor y de romance, todos han perdido ese encanto de encontrar o de ilusionarse con la búsqueda de esa emoción que resulta inalcanzable y sin sentido a los ojos de unos desesperanzados protagonistas, no existe un sentido más allá del presente, lo cual resulta una agradable sorpresa debido a que la mayoría de las historias “humanas” provenientes de Hollywood se basan en la “lucha” por un bienestar prometedor, una de las principales cualidades de la película es que no trata de emocionar artificialmente con una ilusión falsa o repetetitiva, podemos decir que se trata de una desesperanza un tanto colorida, tal y como lo hiciera Wes Anderson y sus Tenenbaums.

Por lo tanto el personaje protagonista de Kate se refugia en la satisfacción inmediata de la caridad como salida de una realidad abrumadora, de problemas que le rodean y que parecen pasar sin sentido y desde una indiferencia, a pesar de que las acciones en la historia le afecten directamente. Termina con sus pocas ilusiones y generan un estado de desamparo tanto emocional como físico. Una película que trata temas muy íntimos dentro de un ritmo que puede no gustar a la mayoría del público pero que da cuenta de esta desesperación de la realidad actual.

A Través de una Mirada Femenina.

•29 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Las Buenas Hierbas – 2010 – (México) – Calif. 7.4/10

Duración: 117 Min.

Dirección: María Novaro.

Guión: María Novaro.

Producción: Julio Bárcenas & María Novaro.

Producción Ejecutiva: María Novaro & IMCINE.

 Cinematografía (Fotografía): Gerardo Barroso.

Dirección de Arte: Lorenza Manrique.

Diseño de Producción: —————-.

Edición: Sebastián Garza & María Novaro.

Música: Santiago Chávez & Judith De León.

Reparto: Úrsula Pruneda (Dalia), Ofelia Medina (Lala), Ana Ofelia Murguía (Blanquita), Cosmo González Muñoz (Cosmo), Gabino Rodríguez (Gabo), Miriam Balderas (Ana) Alberto Estrella (Luis), Luisa Pardo (Quinceañera) & Rodrigo Solís (El Rot).

Género: Drama, Novísimo Cine Mexicano.

Hablar sobre un cine nacional siempre es difícil, muchas veces se confunde un sentimiento patriótico sobre la producción cinematográfica de una región como si se tratase de una competencia frontal frente a otras, causando observaciones superficiales contradictorias sobre perspectivas y visiones estéticas y narrativas muy específicas. Los festivales y premios en todo el mundo parecen acrecentar este sentimiento, los medios y demás personalidades comunicativas nos venden una idea nacionalista, pero ante una reivindicación de la nacionalidad, en donde todo tipo de actividad o profesión pretende la idea de una superioridad regional, y donde últimamente el arte también se ha considerado de esa forma y no como una expresión de cierta realidad, o sea de su tiempo y espacio. Los premios y la taquilla no significa que exista una real competencia, se clasifica al cine como bueno o malo, y hay películas mejores que otras, equívocamente se ha exagerado en considerar los festivales y premios como tipo “olimpiadas” o “mundiales” deportivos en donde el ganador representa a todo un pueblo, solo hay que reflexionar que el arte, y el cine como parte de este, es una forma reflexiva, estética, etc. de un individuo o un pequeño grupo de estos, en otras palabras si Carlos Reygadas, Alejandro González Iñarritu o Guillermo del Toro ganan un premio, no siento que hemos ganado como nación, para empezar la mayoría de sus películas no se hacen con un presupuesto económico y humano completamente nacional. Pero siempre será bueno ver cine nacional para darnos cuenta de cierta realidad o realidades que nos rodean, el arte cuenta en diversas formas, en este caso desde una narrativa cinematográfica, verdades sobre lo cotidiano, induce al debate y a la reflexión de nuestra cotidianidad o simplemente de nuestra condición de seres humanos. En el caso de la nueva película de la siempre interesante María Novaro, “Las Buenas Hierbas”, nos vemos frente a un oasis o respiro de los temas importantes que se tratan en nuestro país (México) en estos últimos tiempos, da muestra de una urbanidad y de un ritmo que se excluye por si misma de todo el circo de lo “mexicano” y su oficial pretensión.

La historia que a María Novaro le llevo cerca de 3 años concluir nos transborda por la vida de Dalia, una mujer de su tiempo y espacio, de la ciudad de México y todas sus contradicciones, una madre soltera que combina los distintos aspectos de sus relaciones sociales dentro de la magnanimidad de una urbe que determina la cotidianidad de millones de personas. Como parte de esa clase media con un nivel de cultura y de conciencia social muy bien implantada, navega entre diversas ocupaciones, la de criar a su pequeño hijo resultado de un matrimonio fallido, su trabajo dentro de una estación de radio alternativa y las eventuales ocupaciones en conjunto con el apoyo a su madre, Doctora en Botánica por la UNAM, quien cuenta con un conocimiento de las propiedades de las plantas que va de lo estrictamente científico hasta lo históricamente revelador, una etnobotánica. La problemática de Dalia comienza cuando a su madre le diagnostican Alzheimer, que la lleva prontamente a encargarse de las actividades de ésta en un recorrido agobiante y desgastante, de una enfermedad que arrasa con todo tipo de relaciones sociales, del completo aislamiento del ser, de una muerte expectante.

A diferencia de casi todo el cine mexicano, principalmente el que llega a estar más de una semana en cartelera comercial, trata de representar al personaje desde una perspectiva más honesta, no existes un lenguaje estrictamente regional, reduce los costumbrismos vocales para justificar un pretendido realismo. La ciudad de México forma un espacio laberíntico pero orgánico, existe una armonía casi rítmica en las tomas y en el ritmo narrativo de María Novaro, a pesar de utilizar muchas tomas cerradas y cercanas, la frondosidad de una ciudad de México muy húmeda y viva resalta en pantalla dándole un toque de frescura a los personajes y a la historia misma, a pesar de no contar con un ritmo apresurado. Escenarios grises y una constante lluvia nos ayuda a reflexionar sobre como la mente de los enfermos con Alzheimer se nubla de forma cada vez más acelerada.

Lo que pareciera un relato exclusivo sobre el personaje y sus relaciones dentro de una sociedad posmoderna y multicultural, termina complicándose con la responsabilidad de cuidar de su madre, un papel que termina siendo natural para muchas personas, cuando a los hijos les toca ser padres de sus padres. La búsqueda de una solución en el conocimiento de las plantas y de sus efectos que le transmite “Lala”, una Ofelia Medina estridente en gran parte de la historia, a una joven Dalia (Úrsula Pruneda),  que goza completamente de una feminidad muy bien llevada, dan cuenta de una historia que rompe con lo convencional u oficial, nos aleja de una representación oficial y de una sobre explicación de la realidad inmediata, permite tras un relato en donde la crudeza de una enfermedad se combina con un cierto velo de misterio de los personajes que rodean a la protagonista, muy importante y conmovedora resulta la historia de la vecina y su nieta quien fuera asesinada después de su fiesta de 15 años.

En conclusión existe un contexto de cierto misticismo en una representación de perfil muy íntimo de la surrealista mixtura de la realidad mexicana, de un modernismo y tradicionalismo, lo cual genera una importante característica casi inédita en un cine nacional en donde la visión estructural se impone como una especie de contradicción constante, o se van por el modernismo recalcitrante o el tradicionalismo impositivo. Lo que más se rescata es la valentía de representar a una sociedad fuera de cualquier tipo de clichés, una mirada femenina real que rechaza todo tipo de convencionalismos cursis de un cine ofensivo supuestamente dirigido al romance, además de ser un respiro aceptable dentro de una cartelera llena de épicas y contra épicas en una significación o re significación de lo que es ser mexicano.

Una Costumbre Simplona.

•9 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Grown Ups – 2010 – (Estados Unidos) – Calif. 5.7/10

Duración: 102 Min.

Dirección: Dennis Dugan.

Guión: Adam Sandler & Fred Wolf.

Producción: Jack Giarraputo, Adam Sandler, Kevin Grady & Yancey Derringer Banks.

Producción Ejecutiva: Barry Bernardi, Allen Covert, Tim Herlihy & Steve Koren .

Cinematografía (Fotografía): Theo van de Sande.

Dirección de Arte: Alan Au.

Diseño de Producción: Perry Andelin Blake.

Edición: Tom Costain.

Música: Rupert Gregson-Williams.

Reparto: Adam Sandler (Lenny Feder), Kevin James (Eric Lamonsoff), Chris Rock (Kurt McKenzie), David Spade (Marcus Higgins), Rob Schneider (Rob Hilliard), Salma Hayek (Roxanne Chase-Feder) Maria Bello (Sally Lamonsoff), Maya Rudolph (Deanne McKenzie), Joyce Van Patten (Gloria) & Steve Buscemi (Wiley).

Género: Comedia, Familiar.

Cada época tiene su bufón, o me atrevería a decir que a cada bufón le viene una época, ya estuvimos en el tiempo en donde Jim Carrey transformaba su rostro de mil maneras para tratar de hacernos reír de la forma más “bruta” posible, en los ochentas recuerdo un poco a Eddie Murphy, aunque él trataba de sorprender con un carácter más rudo y con películas de acción un poco más serias, “48 Hrs.” con Nick Nolte tiene su atractivo especial. Muchos cómicos estadounidenses han tenido su momento de mucha fama, muchos de ellos merecidamente como John Goodman, Dan Aykroyd, Steve Martin e inclusive Mike Myers, otros han desaparecido extrañamente como Rick Moranis, pero de quien interesa esta vez es de un actor cómico que ha logrado mantenerse como un favorito de muchos durante ya varios años, y que gracias a su constante producción se mantiene rentable y situado como una imagen relacionada al “cuenta cuentos” llamado cine, y con una calidad más o menos respetable. Llama mucho la atención en esta su más reciente película ya que reúne a un grupo de cómicos, y que se nota son grandes amigos, la mayoría hechos del longevo programa televisivo “Saturday Night Live”, que en su estílo satírico ha logrado formar grandes cómicos norteamericanos, una gran referencia para la cultura pop de estos días. Los elegidos por Sandler, que no son extraños en sus películas, son Rob Schneider, David Spade, Maya Rudolph y Chris Rock, habituales en “SNL” a principios y mediados de los 90’s, y con la adición de Kevin James quien ya había trabajado con Sandler. En otras palabras el rey de la comedia simple y de las historias melodramáticas-familiares vuelve con sus antiguos amigos, como una reunión de generación, dándose el lujo de “echar relajo” dentro de la pantalla de cine, porque eso es principalmente lo que expresan, diversión entre conocidos.

“Grown Ups” (Son Como Niños) parte de la esencia hollywoodense del cine familiar, no se crea complicaciones y presenta personajes parcialmente estereotipados y situaciones cómicas comunes en películas con una multitud de interlocutores, las historias se acortan para poner dentro los sucesos sobresalientes a problemas familiares comunes, eso sí colocados en escenarios exagerados, sobresaliendo y protagonizando en el principal lío o clímax a la familia de Sandler, Hayek y sus hijos, quienes tienen una pérdida de comunicación o contacto “real” entre ellos y con el “mundo normal”, apelativo sobre la familia tradicional como núcleo de la sociedad. Los niños tienen un contacto por medio de las tecnologías, mandando mensajes de texto a la niñera para que le prepare un té o el preferir estar dentro de un hotel con videojuegos sobre la aventura de un “camping” es la forma directa de mostrar como estas nuevas formas permiten más conexiones pero menos acercamiento con el otro, inclusive con el otro inmediato.

Además de otras faltas de comunicación y el apego cada vez mayor a la individualidad, y que Sandler, Dugan y compañía tratan de dar cuenta a través de la convivencia familiar, de los valores tradicionales y hasta moralistas, todo el discurso de la película llega a un punto nefasto y emocionalmente chantajista al ubicar todo el relato dentro de los festejos de la independencia de los Estados Unidos, y que representa una conjunción de valores que se deben salvar junto a una nacionalidad que en lugar de construir esta ficticia integración dentro de los mismos personajes, se disponen a externar prejuicios raciales y culturales que chocan directamente con los supuestos valores defendidos, los personajes negros, latinos y asiáticos que aparecen en la historia solo sobresalen cuando el chiste les permite dar cuenta de su diferencia, y aunque les permita mofarse y criticar con ese humor “simple”, resulta excluyente para quienes no forman esta imagen de “familia modelo” propuesta a reconstruirse por un sentimentalismo que ha invadido masivamente al mundo, siendo un gran ejemplo, por lo menos en Latinoamérica, la telenovela, educador y promotor de estos valores excluyentes.

La tradición en que se basa el humor de Sandler y de todos sus compinches es la otorgada por la gran carga que resulta su formación en “SNL”, una sátira que se ha convertido en la “comedia blanca” por excelencia, por eso resulta muy comprometedor e insultante la representación de las razas extrañas dentro de la película, y mucho más extraño que Chris Rock como un personaje en muchas formas trillado, siendo que tanto en su “stand-up comedy” como en otras películas trata de reivindicar y darle mayor protagónico al personaje de raza negra, pero que lamentablemente termina siendo el “negro dentro de los amigos blancos”, cuestión que se ha popularizado en la televisión y hasta en la música pop de los Estados Unidos, esta falsa integración o integración incompleta que se refleja en los medios de expresión cultural de una “industria” que logra inundar estos canales en todo el mundo, aunque como alguien externo a esa realidad no sé que también represente la cotidianidad dentro de la vida norteamericana.

Al final la reunión de los amigos de “Saturday Night Live” (SNL) cumple a medias con las expectativas de quienes han visto y disfrutaron sus buenos momentos tanto en la televisión como en el cine. Aunque se trate de un grupo de comediantes tremendos, sin ser una generación tan brillante como otras, Billy Cristal, Eddie Murphy, Mike Myers, Chevy Chase marcaron de manera más memorable época, la película termina sin ser una maravilla pero logrando divertir dentro de su propuesta liviana. La lección moral infaltable en las producciones de “Happy Madison” (Casa Productora de Adam Sandler) recalca en la conciencia de las familias que vayan a verla, el saber ganar y el saber perder es un desenlace que no desentona pero que si denota lo plano de este cine cómico, Sandler y su compañía regresa a lo básico y sencillo de sus primeras películas, ese bufón que hace reír pero no inquieta pensamientos más allá de su simpleza, es ahora cuando sus historias más trágicas pero igual cómicas relucen con un brillo más especial, esperemos que algún día regrese con algo más interesante como “50 First Dates” (Como Si fuera la Primera Vez, 2005) o “The Wedding Singer” (La Mejor de Mis Bodas, 1998), casualmente protagonizadas con Drew Barrymore o tal vez se arriesgue con proyectos externos a su línea característica como las excelentes “Punch-Drunk Love” (Embriagado de Amor, 2002) de Paul Thomas Anderson o “Funny People” (Siempre Hay tiempo Para Reir, 2009) de Judd Apatow, a ese Sandler se le extraña, de este simplón ya se ha tenido bastante.

El Terror Real del Encierro.

•2 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Mi Vida Dentro– 2007 – (México) – Calif. 9.0/10

Duración: 120 Min.

Dirección: Lucía Gajá.

Guión: Lucía Gajá.

Producción: Rodrigo Herranz.

Producción Ejecutiva: —————–.

 Cinematografía (Fotografía): ————–.

Dirección de Arte: ————–.

Edición: Lucía Gajá.

Música: Leonardo Heiblum & Jacobo Lieberman.

Reparto: Rosa Estela Olvera.

Género: Documental.

El documental en México se trata de un tema muy interesante, la democratización en las formas de grabar video se puede resumir en la facilidad de conseguir materiales más baratos y extensos, que han logrado que cada vez más jóvenes, y no tan jóvenes, se lancen por las calles o por cualquier espacio a tratar de captar la realidad, aquella aterradora o de una belleza no muy reconocida. Y sin tratarse únicamente de estudiantes de cine o de profesiones referentes a lo social, humanístico o las artes, si no que haya surgido un importante canal de expresión en el documental que permite expresarse desde casi cualquier perspectiva, tratando de llegar a una verdad, y el tratar de llevarla lo menos “maquillada” posible a cualquier tipo de audiencia. La contradicción es que sobre todos estos trabajos, me atrevo a decir que son decenas de documentales que se realizan al año, muy pocos pueden tener una exhibición ni siquiera mínimamente decente, muchos trabajos se quedan como simples ejercicios que no serán observados por nadie, por lo tanto una protesta, visión, expresión, etc. que no será escuchada. En México, como en la mayoría de los países latinoamericanos, y tal vez en todo el mundo, el documental es una voz que expresa una inconformidad o plantea el observar a la sociedad de forma distinta a las convenciones estéticas del arte, su crudeza conmueve gracias al precepto de su veracidad, aunque esto no significa que exista un planteamiento completamente objetivo en su discurso. De igual forma existe un prejuicio muchas veces coincidido por muchos en que estas obras se desvían en narrativas aburridas para un público masivo no acostumbrado a estas expresiones culturales, por lo tanto muchos temas que podrían ser interesantes quedan perdidos en la inmensidad de las injusticias urbanas, rurales, indígenas, migratorias, etc., por eso la historia de Lucía Gajá, de gran calidad y de gran investigación sobre su tema, es una joya que debe ser vista, su trato está más enfocado a la cinematografía convencional que al ensayo “académico” por el que comúnmente optan los documentalistas, resultando inclusive como una obra poética y aterradora sobre una realidad que se ha vuelto cotidiana para muchas personas y familias de mexicanos y latinoamericanos.

El tema principal y original de la egresada del CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), era sobre las mujeres migrantes que terminaban presas en Estados Unidos, pero durante su trabajo de investigación se encontró con el caso extraordinario de una joven originaria de Ecatepec, que debido a su desconocimiento sobre las leyes estadounidenses y tras un accidente muy desafortunado, se ve de repente presa por un supuesto crimen muy grave, terminando con sus sueños e ilusiones de desarrollarse económicamente y familiarmente en los Estados Unidos, como millones de mexicanos y latinos desean cada año. El documental narra el proceso de juicio de Rosa Olvera que dura casi tres años, el cual da registro de la tenacidad y paciencia de la directora en su seguimiento e investigación. La historia va del 2005 cuando desafortunadamente el pequeño niño Bryan muere por asfixia accidental mientras Rosa lo cuidaba, y en la inflexible búsqueda de la justicia norteamericana y texana por encontrar un culpable a pesar de que las evidencias lleven a la idea de un terrible accidente, siendo Rosa la principal sospechosa. El documental, magistralmente narrado, es una odisea durante este proceso casi de película, en muchas partes parece la más aberrante ficción, en donde comentarios y prejuicios raciales, económicos y culturales son dados como pretensiones de culpabilidad. Aunque no existe una narrativa lineal, las imágenes, entrevistas y unas postales reflexivas nos llevan por un viaje que muchos han realizado, inclusive en los créditos iniciales se traza con la cámara el probable viaje y camino que debió haber hecho su protagonista, desde Ecatepec como parte de la monstruosa y ruidosa Ciudad de México hasta Austin, Texas, como la representación de la modernidad y progreso vista en sus calles amplias y en los altos edificios.

No existe engaño en el tratamiento de este extraño caso, pero mientras el juicio se va exponiendo, se va generando una sorpresa sobre la realidad de una historia que se va mimetizando con cualquier otro cuento hollywoodense, principal razón por lo cual la autora trata de establecerse fuera de este “circo” manteniendo una casi imposible objetividad, pero es por la misma naturalidad del tema y de los sucesos a través del tiempo en una realidad concreta y con una injusticia tan evidente, que resulta muy difícil establecer un punto de vista indiferente, ya sea personal, social o hasta cinematográfico.

Este sentido de imparcialidad u objetividad, como quiera ser nombrada, se desenvuelve gracias a la ayuda que la autora fue encontrando mientras se realizaba la obra, representado casi exclusivamente en la activista y trabajadora del Consulado Mexicano en Texas, Carmen Cortés, quien explica las dificultades y las injusticias que muchas veces son cometidas sobre los migrantes en Estados Unidos, basadas casi en su mayoría en el completo desconocimiento de las leyes norteamericanas, abriendo un nuevo tema como uno de los principales puntos de choque entre las culturas desde el sentido de lo legal. La adaptación y la tradición en un territorio nuevo, así como la sutil influencia de estas tradiciones en un ambiente que se defiende a través de un cierto hermetismo, y teniendo como opción el de aprender el idioma y por lo menos tener una noción de las leyes, de lo que se puede hacer y no, de lo moralmente permitido, etc., y no en el sentido de alienarse a una cultura distinta, sino más bien como forma de autodefensa ante un escenario xenófobo y extraño, logrando una cierta metáfora sobre la injusticia que nace de la ignorancia de las dos partes.

La obra de Lucía Gajá es un claro ejemplo de que los documentales no deben relegarse a una exhibición limitada, cuando se hacen con calidad, y si logra expresar y representar un tema muy bien hecho como el de “Mi Vida Dentro”, las repercusiones o consecuencias llegan a niveles muy amplios, mientras tanto esperemos noticias sobre el caso de Rosa, en muchas partes del mundo existe indignación ante tal injusticia.

 
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