Una Simulación con Sentido a Dostoievsky

The Bloom Brothers (Estados Unidos – 2008)

Calif. 8

 

Dirección: Rian Johnson.

Guión: Rian Johnson.

Producción: Ram Bergman, Matthew J. Birch, Tom Karnowski & James D. Stern.

Producción Ejecutiva: Douglas Hansen & Wendy Japhet.

Dirección de Arte: Jasna Dragovic & Paul Kirby.

Cinematografía (Fotografía): Steve Yedlin.

Edición: Gabriel Wrye.

Música: Nathan Johnson.

Reparto: Rachel Weisz (Penelope Stamp), Adrien Brody (Bloom), Mark Ruffalo (Stephen), Rinko Kikuchi (Bang Bang), Robbie Coltrane (The Curator) & Maximilian Schell (Diamond Dog).

Género: Comedia, Aventura.

La representación de personajes que tienen o generan la habilidad de manipular a las personas y así sacar provecho de su dinero o cualquier otra cosa siempre ha sido constante en la historia del cine, y no solo de Hollywoodense si no de todo el mundo. El listillo que por lo regular también es galán, y que logra convencer a todos de algo que al final termina siendo una estafa, es algo que seguirá asombrando a los espectadores. La elegancia y buena apariencia de estos personajes es esencial para que el público les conceda un cariño ilusorio creado por el mismo actor y director. La elegancia y el estilo de “The Bloom Brothers” se la juega junto a una excentricidad bien vista en los últimos años por el cine norteamericano independiente (véase la obra de Wes Anderson, Alexander Payne y otros), y sin duda que Adrien Brody y Rachel Weisz son dos grandes actores que siempre han demostrado una distinción dentro de la pantalla, además de que a Mark Ruffalo y Rinko Kikuchi no les queda tan mal tal estilo europeo. Desde el principio la historia nos muestran a unos pequeños, con sombreros y trajes que son parte de su actitud y de su andar por la vida, y una esencia proveniente de la literatura del siglo XIX, sabiendo que tanto los nobles como los vagabundos se confunden en estos matices de presentación, la vía de acceso a aventuras y situaciones que sorprenden al individuo en una sociedad completamente narcisista, tal y como suele suceder en las obras literarias de Fiodor Dostoievsky. Y es esta cualidad la que resalta al empezar la película, un sentido literario casi de inmediato.

     Aunque nos esforcemos en ver lo “cool” en esta película, muchas veces nos toparemos más bien con excentricidades e inseguridades en los personajes que dotan de sentido principal a sus vidas, las experiencias de soledad y aislamiento de la sociedad, pero eso sí con un conocimiento muy vasto de casi cualquier tema o interés que se les ocurra. El dramatismo que le impone desde su corta edad Stephen a sus planes es digno de esos personajes que están atrapados en una obsesión por los detalles, un tratado detectivesco de todas las variantes y hasta los posibles malos resultados, una vida de director que encuentra en lo complejo el sentido de su vida y que ve a todos los demás como actores necesarios para conseguir lo que él quiere. Una especie de enviado mítico, ya que sabe que la mejor estafa es aquella donde todos consiguen lo que realmente quieren.

 

     El personaje de Rachel Weisz (Penélope) es muy simpático, ya que encerrada y con una herencia millonaria decide seguir a Bloom (Adrien Brody), Stephen (Mark Ruffalo) y Bang Bang (Rinko Kikuchi) en una aventura que tiene como principal objetivo el estafarla. Una mujer que sabe de muchas cosas pero que no conoce el mundo. Un aislamiento que la llevó a generar ocios, hobbies y habilidades mediante la práctica que solo podrían ser pensados por especialistas en cada uno de sus disciplinas. Un ratón de biblioteca y / o de internet que encuentra en la excentricidad su desahogo a una soledad, que aunque le ha generado una idea muy particular del mundo, sus habilidades sociales se han vuelto casi nulas. Penélope encuentra en la emoción del mundo de la estafa la oportunidad de conocer un mundo del cuál solo tiene una idea pictográfica. Es una idea novelesca, en el sentido literario, que le es reforzada por los propios estafadores, una esencia de Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Robert Louise Stevensson y por supuesto Fiodor Dostoievsky, que son bien conocidos por el personaje de Rachel Weisz, pero que le da un sentido artístico y atrevido a la idea de vivir de manera literaria y poética fuera de su encierro de cristal.

     El personaje que queda fuera de este grupo es el de la bella y talentosa Rinko Kikuchi (Babel), una asiática que no tiene una historia en particular, si no que es parte del equipo y su especialidad son las explosiones y todo ese tipo de parafernalia para darle un toque especial a las obras de teatro y literarias vueltas estafas de los hermanos Stephen y Bloom. Una mujer que debido a su origen exótico se convierte en un misterio que se agranda debido a que casi no menciona ninguna palabra en toda la película. Su silencio aporta el sentido de teatralidad que quiere expresar en casi todo momento el director Rian Johnson. Una esencia de entender y actuar de manera precisa en todo momento bajo el silencio de la eficacia, esta es una forma de describir al personaje “Bang Bang” y por supuesto a la presencia e interpretación de Rinko Kikuchi.

 

     Tal vez lo que más se admira de este tipo de personajes, y me refiero a los cientos de estafadores en la historia del cine, es que es un oficio que mantiene a quienes tienen esa grandiosa habilidad, en constante movimiento por el mundo, una forma de explorar las distintas culturas y formas de pensar del ser humano. Cierto conocimiento se puede conseguir desde una biblioteca o frente a un monitor, pero la picardía y la astucia son cosas que se obtienen de la experiencia y del atrevimiento de probar y aventurarse a nuevas cosas.

     Para los que gustan de la lectura y de Fiodor Dostoievsky en especial, se pueden encontrar varios elementos que retoma tanto el director y el personaje Stephen, y que muestran una estructura muy peculiar y emocionante en esta película penosamente traducida en nuestro país como “Estafa de Amor”. Aunque no soy un erudito sobre literatura, y no he leído todas las obras de Dostoievsky, este sentido literario y poético que le da el director encantará a los espectadores que pongan un poco de atención. Existen los clásicos cambios de dirección en la historia y sorpresas esperadas e inesperadas, pero “The Brothers Bloom” es una opción distinta a todas esas películas de estructura policiaca que ya no representan un reto para el espectador, y que lo llevan a pensar en otras situaciones, que lo arrinconan en su esencia humana, pese a lo trastornado de sus personajes.

Por que hay que verla: Un reparto muy simpático y talentoso, dentro de un ambiente que no abruma ni engrandece a nadie como un ícono cultural o popular, más bien existe una mitificación de lo humano y su teatralidad en la vida. Una historia que va de lo literario a lo cinematográfico y viceversa, claro sin olvidarse de lo poético. Es una película que se concentra en su ambiente clásico, alejándose de lo pretencioso del supuesto género al que pertenece.

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~ por Carlos Wilson en 17 diciembre 2009.

Una respuesta to “Una Simulación con Sentido a Dostoievsky”

  1. hijo te felicito por tan buen trabajo desarrollado cuidaste los puntos finos y de manera muy sobresaliente no dejes pasar o perder este talento que tienes aprovechalo hay que relacionarse y buscar entrar de lleno en este medio para que que puedas explotar mas tu capacidad y logres un mejor entorno en ti saludos cuidate mucho y recuerda que te quiero mucho te veo pronto ok

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