La Ficción de Tarantino Frente a la Historia

Inglorious Basterds (Estados Unidos / Alemania – 2009)

Calif. 10

 

Dirección: Quentin Tarantino.

Guión: Quentin Tarantino.

Producción: Lawrence Bender.

Producción Ejecutiva: Lloyd Philips, Erica Steinberg, Bob Weinstein & Harve Weinstein.

Dirección de Arte: marco Bittner Rosser, Stephan O. Gessler, Sebastian T. Krawinkel, Andreas Olshausen, David Scheunemann, Steve Summersgill & Bettina von den Steinen.

Cinematografía (Fotografía): Robert Richardson.

Edición: Sally Menke.

Música: Picked By Tarantino.

Reparto: Brad Pitt (Lt. Aldo Raine), Mélanie Laurent (Shosana Dreyfus), Christopher Waltz (Col. Hans Landa), Eli Roth (Sgt. Donny Donowitz), Diane Kruger (Bridget von Hammersmark), Daniel Brühl (Pvt. Frederick Zoller) & Til Schweiger (Sgt. Hugo Stiglitz).

Género: Acción.

En estos momentos hablar de Tarantino es sinónimo de todo una nueva forma de asistir a las salas de cine. Ver una de sus películas en pantalla grande es como sentir un aroma y expectativa casi electrizante, y que por lo regular son satisfechas por los ahora miles de seguidores que tiene este cinéfilo que cuenta con el mejor trabajo del mundo, y que a pesar de que su trabajo es un tributo a muchas otras películas e historias que en su momento fueron ignoradas, en este momento él puede retomar casi cualquier estilo o imagen y convertirla en un nuevo icono de la cinefilia, la cuál se convierte en un interés cultural y hasta académico últimamente. La sangre, lo cool, el estilo, la sátira, la elegancia, la música y el ingenio de este ya mundialmente conocido realizador no queda desperdiciado en un ambiente histórico de Segunda Guerra Mundial que ha sido de lo más hablado en la historia del cine: nazis, judíos, franceses y supuestos héroes norteamericanos. No pudo ser más que la ficción la que volvió a engrandecer estos elementos, una forma ingeniosa de imaginarse un suceso tan importante de la historia de la humanidad, una nueva forma de ver a la historia que se encontraba estancada en una representabilidad impuesta, en una simpatía desgastada y que ha entrado últimamente en duda, me refiero al reforzamiento de una culpa y de la indignación a lo que le ocurrió al pueblo judío, y que ha olvidado lo que otros pueblos sufrieron, pero que estos pueblos no manejan una industria cultural tan grande como lo es Hollywood. Regresamos a lo que nos interesa, y es que la nueva puesta en escena de Quentin Tarantino nos representa a unos personajes que pueden ser históricos pero que les otorga ese sentido de “rockstar” y de lo “cool” en la minuciosidad de su apariencia, actitud y sobre todo en unos diálogos que se vuelven clásicos para el cinéfilo.

 

     El personaje más sobresaliente de esta odisea antagónica nazi – judía en Francia es el admirado Hans Landa. Simplemente es el diablo vestido de luces, y no me refiero al traje de torero, si no a que es el personaje que le impone ese sentido de astucia, seriedad y excentricidad a una película que reboza de estas características, de un Christopher Waltz que se comen la pantalla como suelen ser ciertos personajes de las películas de Tarantino (sea Mr. Blonde, Vincent Vega, Bill o Stunman Mike). Hans Landa se gana la admiración debido a que su inteligencia se vuelve más honesta al reconocer las circunstancias de una historia en la cuál el se desenvuelve de manera natural frente a todas sus asignaciones. Una astucia maquiavélica que encuentra su expresión más obvia en los lenguajes que maneja, inglés, alemán, francés e italiano.

 

     La sangre siempre ha sido un factor importante en las películas de Tarantino, una discusión ya muy vieja es su exaltación a la violencia, pero me parece que se trata más de un tributo a todo ese cine oriental y de los 70’s que incluye a George Romero y demás realizadores de películas de serie b, que sobre una verdadera afición a la violencia. Pero en este caso lo que hay que resaltar es la teatralidad con la que se maneja la historia, a pesar de una profundidad casi nula en sus personajes, logra llevar el ritmo de la narración sobre una indeferencia a la violencia, una convivencia entre la muerte y la psique de sus personajes que es expresada como un gusto y una reivindicación hacia sí mismos.

 

     La evolución de Quentin Tarantino como realizador se encuentra en varios “planos secuencias” que son parte esencial de “Inglorious Basterds”. Una desesperación y una fascinación que genera tensión en el espectador a partir de darle muchas entradas y salidas a diálogos, que a pesar de su simplicidad se transforman en memorables. Una especialización en detalles que podrían ser considerados como una simple “paja” o “relleno” en cualquier otro tipo de película, es algo fundamental para entender el por que de la fascinación cultural de esta película. Ya sea que se trate de una conversación alrededor de un vaso de leche, o un bizcocho, o tal vez un juego en una cantina, la historia en sí genera una tensión que nos permite concentrarnos en lo trascendental de su narración a través de la distracción de lo común.

 

     No hay que tomarse esta historia como una tipificación que se puede encontrar en más películas sobre el mismo tema, es precisamente un tratado de una supuesta guerra, con supuestos personajes que generan admiración a partir de una idealización de sus acciones. El cómo debió terminar la guerra según un autor de ficción que gusta de asesinos a sueldo, maestros de kung – fu y obsesionados por la cultura del siglo xx, sobre todo de los cómics y películas de serie b.

 

     Algo que me llamó la atención muy en especial, y que se presenta como sátira, tal vez a propósito o sin querer, es sobre el contraste entre los personajes con serias convicciones, principalmente sobre la violencia y el odio, y el de convertirse en un oportunista, en ese personaje que terminará escribiendo la historia deformada tras un conflicto. Aquellos que negocian sobre su futuro individual y que permiten que lo inevitable caiga más duro por sobre aquellos que pelean por una convicción idealmente justa. Ya sea un militar o un líder sindicalista o social, la historia y sus beneficios la hacen los oportunistas, y la guerra se queda marcada en el cuerpo de quienes luchan, tal vez lo más justo sea un estigma tan evidente como el que deja el Teniente Aldo Raine a quienes sobreviven su encuentro.

 

     Un glorioso bastardo del cine norteamericano, una historia y forma de expresarla que no solo fascina por sus constantes referencias a lo “rockstar” de su creador, si no que logra hacer reaccionar a su público hasta de formas físicas. Una obra que suda el espectador.

 

Para Verla o No Verla: El glorioso enfrentamiento de una de las mentes más admiradas (para algunos sobre valorado y para otros injustificado) en el cine de ficción de los últimos años. Una narración que explota y abarca toda la pantalla cinematográfica con discursos y momentos entrelazados a forma de “collage” entre un cine clásico Hollywoodense y un cine clásico Alemán. Una forma en como la ficción puede transformarse en asombro y admiración sobre características que de antemano sabemos son parte de nuestra formación cultural. Una propuesta idealizadora sobre la sangre, lo clásico y lo dramático de una obra de arte cinematográfica. Pero que erróneamente descansa en los propios laureles de una imposibilidad de contradecir a su autor: “I Think this is my best piece of art”, dice Aldo Raine al final de la película, y este es el principal desacuerdo que tengo con Quentin Tarantino en esta su última odisea cinéfila.

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~ por Carlos Wilson en 19 diciembre 2009.

3 comentarios to “La Ficción de Tarantino Frente a la Historia”

  1. 😉

  2. A mí me encantó

  3. You said it wonderfully!

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