El Clásico “Espíritu” Americano

For Love Or Money – 1993 – Estados Unidos / Calif. 6

Dirección: Barry Sonnenfeld.

Guión: Mark Rosenthal & Lawrence Koner.

Producción: Brian Gazer.

Dirección de Arte: Charley Beal.

Edición: Jim Miller.

Música: Bruce Broughton.

Reparto: Michael J. Fox (Doug Ireland), Gabrielle Anwar (Andy Hart), Anthony Higgins (Christian Hanover), Michael Tucker (Harry Wegman) & Dan Hedaya (Gene Salvatore).

Género: Comedia Romántica.

Como ya antes les había mencionado en este espacio no solo me dedico a escribir, reflexionar, criticar o lo que sea que haga en este blog sobre las películas en estrenos, sino más bien sobre todo tipo de producción cinematográfica que me tope en las salas de cine, en la pantalla de televisión o en la comodidad de mi DVD. En este caso me encontré con una película de inicios de los años 90, que cuenta con el entonces “favorito de América”, Michael J. Fox, aunque el hombre resulta que es canadiense. Esta es una de esas historias clásicas que se conocen como comedia romántica, una historia completamente dulce en donde la perseverancia y la honestidad son los principales valores de una sociedad, que visto desde la realidad, poco protege o premia a este tipo de personas. Doug Ireland es un joven con grandes ilusiones, un personaje que admira y trata de imitar a sus héroes empresarios gordos y oligarcas de un Wall Street en una época donde la rapiña era una acción considerada como una virtud. Tal parece que en este caso, Michael J. Fox, o más bien Alex Keaton (véase la serie Family Ties” o Lazos Familiares) no dejo madurar al gran actor, que siempre contará con esa chispa singular y con una cara de niño eterna.

     Aquí comenzamos con el primer mito del discurso de la película, y es que los hombres de negocios en los años ochenta y principios de los noventa eran vistos como el modelo a seguir  y como un cierto paradigma del éxito en una vida dentro de la pantalla, una actitud  arrogante y un sentido de los negocios con referencias y analogías directas a la brutalidad de los depredadores animales, tal parece que la visión de Oliver Stone de “Wall Street” y ese contrastante Gordon Gekko (Michael Douglas) solo sirvió como un símbolo que acrecentaría este paradigma en lugar de la crítica directa y mordaz que pretendía. Pero el acercamiento a este tipo de vida por parte del director Barry Sonnenfeld (Get Shorty, Men In Black) es un tanto ingenua, ya que nos llena la pantalla de cierta simpatía sobre los esfuerzos de un Doug que juega entre la línea de lo cómico y de lo ridículo, la esencia de lo supuestamente bueno en Hollywood.

     Algo que me inquietó tanto, y que me hace comparar mucho las producciones de hace más de 15 años con las actuales, son las introducciones o inicios de las películas, y es que parece que en los años ochenta y principios de los noventa existía una burda, sin sentido y sin estilo estético obsesión por la entrada con tomas y planos secuencias en cámara montadas en helicópteros, algo que se utiliza en televisión y sobre todo en series donde la mente estrecha o sin ingenio de los directores (por eso son directores de televisión y no de cine) tienden a acostumbrar a un público a pasar exteriores repetitivos como indicadores de elipsis en la historia, junto a planos secuencias larguísimos, que duran casi una canción (prácticamente un video clip), y que simplemente no interesa a la historia que tratan de contarnos. Y si pretenden ubicarnos en un espacio específico como una ciudad o demás, “For Love Or Money” es un ejemplo de cientos de películas que se pudieron evitar esto, encontrar en otros símbolos a la ciudad de New York y darle más naturalidad a la historia, los grandes planos desconciertan y aburren en algo que pudo ser más personal, pero que decir, ese era el estilo de los ochenta.

     El principal defecto de “For Love Or Money” es su ofensivamente anunciada historia, sucede que en muchas comedias románticas podemos predecir el final con la simple introducción de los personajes, y esta no es la excepción. Pero algo que logra sorprender y que logra evitar la reprobación de mis reflexiones, es el asombro que puede llegar a darse mediante la ternura, una capacidad del director de introducirte en los sueños de los personajes como algo idóneo y sincero, características que se consiguieron con un buen casting de dos jóvenes actores en ese tiempo, Michael J. Fox y Gabrielle Anwar. El asombro queda en el recuerdo, tiene una familiaridad con las primeras películas de aquel cine clásico de Billy Wilder, aunque no se me malentienda, solo existe una familiaridad torpe ya que pretende vender una ilusión de vida, en vez de contar la vida en una historia de ficción, que al final resulta más sincero en la pantalla. El poco romanticismo o esencia clásica de Hollywood que se puede encontrar es aplastada por la falsedad de una esencia hipócrita de la sociedad que trata de representar, menos mal Gabrielle Anwar es británica y  Michael J. Fox canadiense.

     Una de los elementos que me llevo a observar esta simple historia es la interpretación de la ya tan mencionada Gabrielle Anwar, una bella mujer que desapareció de repente delos planos del celuloide, caso extraño ya que tiene el carisma, el poco talento y la belleza de tantas otras que tienen tantas comedias románticas al año (como Jessica Alba, Katherine Heigl, etc.), películas aberrantes. Como no olvidar aquella sensual y asombrosa secuencia en donde un ciego Al Pacino como el coronel Frank Slade, la invita a bailar un tango, el cuál es deseado por cualquiera que haya visto esa película. Nos queda su imagen muy fresca y de una belleza singular, no exagerada en “For Love Or Money”, un simple acercamiento a una ideal Audrey Hepburn, también en esa esencia de deseo en “Scent Of A Woman” y en aquella extraña e intrigante atmósfera en “Body Snatchers” de Abel Ferrara.

     Y no hay que olvidar al buen Michael J. Fox, que con una magia ingenua y con una estrella muy particular nos dejó un legado que ya es clásico en el cine comercial, una estrella que brilló por su propio trabajo, alguien con el cual el espectador puede sentir asombro por su pasión y encanto. Grandes interpretaciones de todo tipo, desde las aventuras de Marty McFly en “Back to the Future” de Robert Zemeckis o en grandes películas como “Casualties of War” (Pelotón) de Brian de Palma, “Bright Lights, Big City” de James Bridges y “The Frighteners” de Peter Jackson, todas recomendables. Es lamentable lo de su enfermedad, pero su lucha se ha vuelto honesta, espero que las investigaciones sobre el mal de Parkinson puedan llegar a una cura, ya que sin duda nos ha quitado un gran talento de las pantallas. No lo pudimos ver madurar por tal terrible enfermedad, y si no me creen vean a Sean Penn o a Robert Downey Jr. son más o menos de la edad, y no dudo que Michael pudiera llegar a tal talento.

 

Hay que Verla Por: Como no recordar, obviar y odiar esas largas introducciones y planos secuencias montados desde un helicóptero por New York o cualquier ciudad estadounidense, bien me podrían pasar imágenes de otra ciudad y solo colocar unas letras diciendo “New York City”, y sin duda esas mismas han salido en más de un programa de televisión. La magia de Michael J. Fox logra disfrutarse pese a lo soso de la historia, encontramos características en su personalidad como una mezcla de Charles Chaplin y Woody Allen, y aunque no asombra el producto en general, los protagonistas se ganan la pantalla por su ternura y belleza, en el caso de Gabrielle Anwar.

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~ por Carlos Wilson en 22 enero 2010.

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