La Guerra sin Identidad

The Hurt Locker – 2008 – (Estados Unidos) / Calif. 8/10

Dirección: Kathryn Bigelow.

Guión: Mark Boal.

Producción: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier & Greg Shapiro.

 Cinematografía (Fotografía): Barry Ackroyd.

Dirección de Arte: David Bryan.

Edición: Chris Innis & Bob Murawsky.

Música: Marco Beltrami & Buck Sanders.

Reparto: Jeremy Renner (Sergeant First Class William James), Anthony Mackie (Sanborn), Brian Geraghty (Owen Eldridge), Guy Pearce (Matt Thompson), Ralph Fiennes (Contractor Team Leader), David Morse (Colonel Reed), Evangeline Lilly (Connie James) & Christian Camargo (John Cambridge).

Género: Drama, Bélico.

La temporada de los premios cinematográficos en Estados Unidos por fin ha terminado, y debido a nuestra situación geográfica las películas premiadas y alabadas en nuestro vecino del norte ya pueden disfrutarse, ye he hablado de varias en este blog con anterioridad, ahora es el momento de la gran ganadora, de la aplaudida obra de Kathryn Bigelow, “The Hurt Locker” (Zona de Miedo). La guerra es el tema principal y como tal esta bien representado el estrés, el ruido y el miedo de los personajes al encontrarse en una zona en donde no se entiende el lenguaje y el desconcierto es generalizado, no se entiende la verdadera explicación de porque están en ese momento y lugar, todo es confusión. Los personajes se encuentran completamente absorbidos en una realidad que no les permite pensar, actúan de manera automática tal y como fueron entrenados, la repetición y el deber debería salvarles la vida, y se vuelve mucho más estricto dentro de una división tan complicada y exacta como la desactivación de bombas, que choca con la llegada de un experto que toma el peligro como su principal motivación, contrastando de manera inmediata con sus demás compañeros, que ven a la guerra y a ese peligro como parte de una obligación, de un deber, y no como un gusto y una verdadera profesión, como le pasa al protagonista, James. Es una visión muy interesante, la deformación de los individuos que representan a una generación que se perderá en el horror de una guerra sin sentido tal y como sucedió en los años sesentas y setentas con la Guerra de Vietnam, dejando lo político, económico y social como el contexto implícito y centrándose en el impacto directo de la guerra en las mentes y en las acciones de los hombres que participan, y es esta forma de contar la historia que nos demuestra una vez más, desde una forma más intima lo absurdo de esta invasión.

     La historia se concentra en esta unidad, y en el especialista desactivador de bombas James, quien vive la guerra como su realidad casi perfecta, el sabe que existen injusticias y los terribles y desesperados actos que se realizan durante cualquier campaña militar, pero los asume como lo normal, el peligro y la adrenalina de estar muy cercano a situaciones que le causarían la muerte es más potente que el sentido de preservación, James es un adicto al peligro sin la acrobacia típica de Hollywood, no sabe vivir fuera de esa adrenalina, la realidad para él es violenta, un perfecto soldado norteamericano. A pesar de que el quehacer de la guerra es la profesión por excelencia del protagonista, tanto él como los demás miembros de su división expresan de manera distinta la falta de identidad y convencimiento de lo que se hace como algo bueno, no existe una ideología clara, la idea de “libertad” se pierde con la imposición evidente del interés económico por las tierras de Iraq, a pesar de la demonización de esa cultura y de la idea de que es un peligro para los Estados Unidos, ya no es la lucha del bien contra el mal, el soldado se cuestiona su participación, se le obliga a luchar por su vida, no por su ideología.

     La principal motivación de muchos de estos soldados es el mismo peligro, la adrenalina es el principal pretexto de un personaje que más bien ha construido toda su realidad desde la milicia, la existencia de una guerra le permite desarrollarse en un ambiente al cuál ha sido preparado casi toda su vida, por eso cuando regresa después de haber cumplido su tiempo no puede adaptarse a una vida más ordinaria, no encuentra sentido en la monotonía, necesita la emoción de la muerte. La película es un claro ejemplo de que existe todavía una división muy marcada en el trabajo dentro de las sociedades, el ejército se mantiene como un poder muy jerárquico, y los soldados se transforman en maquinas pensantes que hacen el trabajo sucio de intereses mucho más grandes, reaccionan  después razonan.

     Las imágenes de la película reflejan muy bien no solo el estrés y el descontrol de una guerra que parece interminable, sino también la suciedad y la desolación de esta. El desierto, árido y casi sin vida, en ciudades en ruinas permiten que la utilización de bombas sea la forma más efectiva de enfrentarse a un enemigo con una tecnología mayor, ya sea que se descarguen a distancia o de manera suicide. Pero por lo mismo esto lleva a la destrucción de cualquier ser que este alrededor, sea inocente o activo en la guerra, una atrocidad de las guerras modernas, estas brutalidades deben ser tratadas por “especialistas” como los mostrados en la historia de Kathryn Bigelow. Es esta concentración y presión con la que actúan que irradian una tensión muy importante al público espectador, de repente te sorprende el estar apretando con demasiada fuerza el asiento o algún objeto, siendo un gran acierto todos los close-ups ya que pretenden esta reacción, y es que generan esta idea de un contexto familiar al espectador a través de la imagen, y a pesar de las criticas a la violencia en el cine esta historia sensibiliza sobre lo terrorífico de un conflicto bélico y no lo contrario, como lo que comúnmente se cree.

     A pesar de que la película esta hecha por una mujer, no encuentro ninguna diferencia en la visión que se le ha dado desde la cinematografía a estos sucesos tan humanos. Es una gran historia que puede ser considerada como un ícono para esta generación que se ve perdida (en Estados Unidos), a pesar de que todavía el conflicto es vigente. La sensibilidad a partir de una cotidianidad muy específica desde el individuo, alejado de cualquier ideología, política o cultural. Los premios que ha recibido atienden más a un sentido político que meramente artístico, Kathryn Bigelow se ganó el Oscar a la mejor dirección como la primera mujer, pero no fue por un producto netamente femenino, es más se percibe mucha testosterona en su relato, lo cuál no le resta calidad, pero si hay que verla fuera de esa idea. Lo que más se rescata es que se centra mucho en el individuo como parte esencial de la historia, algo que si rompe en la forma de expresarse del cine norteamericano que tiende a generalizar este tipo de ficciones.

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~ por Carlos Wilson en 5 abril 2010.

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