Explosión Imaginaria

The Imaginarium of Doctor Parnassus – 2009 – (Estados Unidos – Canada – Francia) / Calif. 10/10

Dirección: Terry Gilliam.

Guión: Terry Gilliam & Charles McKeown.

Producción: Amy Gilliam, Terry Gilliam, Samuel Hadida & William Vince.

 Cinematografía (Fotografía): Nicola Pecorini.

Dirección de Arte: Dan Hermansen & Denis Schnegg.

Edición: Mick Audsley.

Música: Jeff Danna & Mychael Danna.

Reparto: Heath Ledger (Tony), Christopher Plummer (Doctor Parnassus), Lily Cole (Valentina), Andrew Garfield (Anton), Verne Troyer (Percy), Tom Waits (Mr. Nick), Johnny Depp (Imaginarium Tony #1), Jude Law (Imaginarium Tony #2) & Collin Farrell (Imaginarium Tony #3).

Género: Aventura, Drama, Fantástico.

El último proyecto del cineasta británico y ex miembro del absurdo grupo de comediantes “Monty Python”, Terry Gilliam, provocó una expectativa muy grande en las audiencias mundiales, desde hace más de un año cuando estaba a punto de estrenarse la última y extraordinaria aventura del héroe de ciudad Gótica, la noticia de que Heath Ledger, actor australiano que ganaría un premio Óscar póstumo por su papel del “Guasón”, había muerto justo en la mitad del rodaje de una película del director de “Twelve Monkeys”, “Brasil” y “Fear and Loathing in Las Vegas”, sería una cuestión más que razonable para parar la filmación. Todo se retoma en un cambio de dirección muy interesante en la historia, donde otros actores tomarían el papel del difunto quien de todos modos aparecería gracias a las tomas ya hechas con anterioridad, y que mejor forma de darle todavía un impulso comercial al film que la aparición de otros galanes de la cinematografía mundial como Johnny Depp, Jude Law y Collin Farrell, sin duda todo un deleite para el ojo femenino. “The Imaginarium of Doctor Parnassus” es todo un viaje a una imaginación extrovertida, una explosión colorida de mundos y realidades fantásticas que asombran a cualquier espectador gracias a la agilidad de la cámara y el ritmo rápido de la narración de Gilliam, todo un reto y un respiro de la imaginación cuadrada con la que ideamos nuestro mundo en estos días, y  que muchos llaman tiempos posmodernos. Existe un ambiente mágico y gitano que nos ayuda a replantear la idea de aquellas personas que tratan de crear todo un imaginario a través de los colores y luces, de una introspección en nuestras obsesiones y fantasías. Doctor Parnassus y Terry Gilliam nos dejan caer en un agujero que más allá de generar una incertidumbre, retoma eso de que otra realidad es posible, solo que la decisión es moral, difícil, y eso solo ocurre en el imaginario de cada quien.

     La historia nos cuenta la pelea y juego entre Doctor Parnassus y Mr. Nick (también nombrado como “el diablo”) por las almas de aquellos que tienen la suerte o la calamidad de entrar en su propio imaginario fantástico a través de la mente del mismo Parnassus. Parnassus al recibir la inmortalidad por parte del demonio se ve envuelto en la eternidad de un juego que disfruta, hasta que su hija, quien está por cumplir 16 años, es reclamada por Mr. Nick en un acuerdo previo, entonces comienza la última competencia, conseguir 5 almas y ganar el alma de la joven Valentina quien tiene una idea de la felicidad muy distinta a la vida gitana de su padre. El personaje de Heath Ledger aparece como un intermediario en este juego o lucha por las almas, siendo que constantemente lucha por la suya debido a un pasado morboso. La pureza del alma a la que aboga el propio Tony para llegar a  la felicidad no existe debido a la misma condición humana, y es aquí donde la moralidad imaginaria de la historia se vuelve el fin principal y la moraleja de lo “fácil” y del “esfuerzo” por conseguir la gracia en la propia mente del ser humano.

  

   El deseo de no morir se convierte en la maldición de la película, una dicotomía que es constante en distintas culturas: reflexionar bien sobre lo que más deseas, que siempre existe un castigo terrible, esto es lo que el cuento de Parnassus nos lleva a pensar, la inmediatez del deseo es el terreno de lo inmerecido, la gloria se esconde en el imaginario individual, fuera de lo primitivo y de lo social, es una forma escurridiza de la libertad real de lo humano. La alucinación sobre lo deseado nos hace comparar al Doctor Parnassus con un Albert Hoffman (quien prácticamente creo el LSD como lo conocemos) mental, alejado de lo químico, con una sabiduría milenaria y con un estilo de vida que nos remite a lo sencillo y a lo onírico.

     A pesar de ser una historia que se basa en un contenido visual, tal como la Alicia de Tim Burton, a diferencia de esta última, el Doctor Parnassus tiene la cualidad de profundizar, dramatizar y complejizar el propio relato, cuestión que Tim Burton dejo guardado en trabajos anteriores. El público es tomado más en cuenta como aquella otra parte que reflexiona y no solo consume frenéticamente lo que le ponen en frente, la dicotomía como el meollo del relato puede sonar muy sencillo, pero la reflexión ocurre debido a un tratamiento muy individualista, se vuelve una experiencia trasgresora, una desmitificación de la locura y el alucine, los hippies posmodernos.

 

    Algo que fu muy interesante fue precisamente el regresar a los orígenes del arte y de la vida misma, la introspectiva de lo que sucede en nuestra realidad y en su multiplicidad que puede ser generada, y con las que compartimos en toda nuestra historia personal, el “contar una historia”, crear hipótesis que se proponen y cuestionan la vez esa misma realidad, como el principal sustento de la misma existencia, sea onírica, cruda, terrorífica o cualquier adjetivo que le siga. La realidad existe al pensarse por cada individuo, Mr. Nick y Dr. Parnassus extrapolan estas visiones que redimen a la persona como la creadora de todo un universo.

     Las transformaciones dentro del imaginario de cada mente son un aditivo muy especial a la historia, la esencia es el reflejo, y también es reflejada en la de aquellos que invaden el imaginario de otros, es lo que le sucede a Tony, un mil caras, ya que no tiene bien definido que es lo que representa. Jude Law, Johnny Depp y Collin Farrell dan cuenta de esa confusión de un personaje que tiene la oportunidad de redimirse pero que no puede escapar a su egocentrismo y apego a una modernidad horripilante.

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~ por Carlos Wilson en 12 mayo 2010.

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