Fascinación Mítica

¡Que Viva México!/Da zdravstvuyet Meksika! – 1931/1979 – (Unión Soviética – Estados Unidos – México) / Calif. 10/10

Dirección: Sergei M. Eisenstein.

Guión: Sergei M. Eisenstein; Grigori Aleksandrov (Material Adicional).

Producción: Kate Crane Gartz, S. Hillcowitz, Otto Khan, Hunter S. Kimbrough, Mary Craig Sinclair & Upton Sinclair.

 Cinematografía (Fotografía): Eduard Tisse.

Dirección de Arte: —————-.

Edición: Grigori Aleksandrov & Esfir Tobak.

Música: ——————.

Reparto: ——————-.

Género: Drama, Revolución Mexicana.

Una historia cinematográfica, una película convencional siempre trata de abordarnos dentro de una estructura ya establecida, una introducción, un clímax y un desenlace, eso es lo que esperamos como una formula muy bien aprendida, pero en el caso de Sergei M. Eisenstein esta cuestión no debe quedar implícita en el espectador, debe existir un diálogo directo con el individuo, que presta sus ojos y oídos para comprender un tema específico, ya sea representado por la fantasía realista de la ficción o por la cruda realidad filtrada del documental. Para este extraordinario realizador y artista mítico de la historia de la cinematografía, cada expresión se trata como a un ensayo sociológico, sus imágenes y su narrativa nos llevan a pensar en situaciones históricas y culturales, en este caso lo mexicano. Eisenstein pensó llevar la historia de la cultura mexicana como una épica ensayista, los capítulos son muy claros y tratan de representar de manera general la particularidad de la sociedad mexicana, en especial de los rasgos históricos e indígenas. Esta magna obra está dividida en 6 capítulos que son: “Prólogo”, o visión del México prehispánico; “Sandunga”, la representación de una boda indígena en Tehuantepec; “Fiesta”, la fiesta brava o toros; “Maguey”, la opresión de un patrón hacia su trabajador indígena; “Soldadera” que trataría de una mujer en la revolución, que no se logró filmar; y el “Epílogo”, donde se refiere a la fascinación de la cultura mexicana sobre la muerte.

Existe una sombra sobre las pirámides de México, la mirada serena de los hombres que reclaman estas tierras como suyas, heredadas de sus ancestros, es el primer paso para demostrar que el verdadero México ya nunca más es una zona pura, exclusiva tal vez sí, pero para aquellos que hemos asumido el mestizaje como parte de nuestra creación misma partimos de este precepto para recrear toda una realidad que se divierte en entenderse como trágico y cómico. Sergei M. Eisenstein es un maestro del cine que no se estanco en una simplista idea de lo que se trataba su profesión, él sabía y realizaba historias y documentos artísticos que perdurarían en la mente colectiva de la humanidad, él supo de la importancia del cine como arte y cultura en los principios históricos de una disciplina apasionante, un teórico que propuso toda una metodología y una teoría de las imágenes en movimiento, el genio del sentimiento, y México fue uno de sus proyectos más apasionados, más personales.

Muchas de las características o de lo que pensamos comúnmente como propio de la cultura mexicana fue construido en gran parte por el cine, que fue utilizado como un artilugio muy efectivo a nivel social, las imágenes y representaciones ideales formaron la identidad que conocemos en la actualidad de lo mexicano, características que pueden ser criticadas o exaltadas dependiendo de la perspectiva con que se trate. El cine ayudó a crear la identidad de una supuesta nación que necesitaba cierta estabilidad social y una nueva forma de imaginarse la realidad. Muchos responsabilizan a directores como Emilia “Indio” Fernández como los creadores de esta imagen, del charro, del indígena, del borracho, del machista, de la madre abnegada y de otros roles que inundaron icónicamente una de las épocas de nuestro país donde la producción cinematográfica gozaba de una elevada importancia cultural y oficial o estatal. En este sentido también se le considera a Sergei M. Eisenstein como cómplice de esta idealización de ciertos valores “mexicanos”, aunque solamente filmó “¡Que Viva México!” sobre el país azteca, y que ni siquiera logro terminarla, cuestión que se torna aún más extraña si sabemos que la versión editada con la ayuda de los apuntes del cineasta no fue mostrada en México sino hasta finales de los años setenta. La respuesta es que estos cineastas de la “Época de Oro del Cine Mexicano” lograron ver fragmentos de la obra inconclusa del genio ruso, y que se complementó con las enseñanzas adquiridas sobre la importancia del montaje o edición.

Tras ver la versión de Aleksandrov del film, que está basado en los deseos del propio Eisenstein, uno puede rescatar una infinidad de sentimientos y de verdaderos descubrimientos de la belleza y del poder del cuadro o pantalla que observamos, el magnetismo y el atractivo de la historia es bien coordinada con imágenes imponentes de una realización consciente de la potencia y de la belleza de una realidad completamente ajena. Para este artista de vanguardia la idealización de la cultura mexicana lo absorbe desde una visión romántica e imperecedera, que trata de desnudar el alma de todo un pueblo, pero que termina por develar la esperanza de lo humano a través de  la universalización de un ideal de justicia.

Me parece muy extraño que esta producción tuviera recursos de tres países  muy distintos entre sí, y que dos ideologías completamente distintas como la estadounidense (capitalismo) y la soviética (socialismo) convergieran en esta cooperación, que al fin y al cabo no determinaba la dirección artística y política del director ruso, en otras palabras no significaba un apartado significativo en la representación de México, pero si puede servirnos como ejemplo para comprender la confusa situación y conciencia del mexicano ante la bipolaridad que sobrevendría con la guerra fría, recordemos que el film fue grabado a principios de la década de 1930, y es que México al ser vecino de los Estados Unidos debe oficializar su “alianza”, mientras que socialmente es un pueblo más radical y hasta socialista de lo que los Estados Unidos pudieran pensar y serr, aunque se trata solo en un plano idealista.

Sergei M. Eisenstein nos deja un legado incalculable con toda su filmografía e investigaciones técnicas y teóricas sobre su mismo arte, el inacabado resultado y la versión inexacta de sus deseos sobre “¡Que Viva México! solo nos permite imaginar la grandeza que pudo haber creado de haber terminado tal proyecto. A pesar de que fue un trabajo inconcluso, su importancia se puede ver y palpar en todo un país, al cuál con intención o no ayudo a construir de manera cultural, México debe su identidad en parte a un ruso, aunque eso suene extraño.

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~ por Carlos Wilson en 14 mayo 2010.

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