Una Guerra Mental, Una Guerra Hippie.

The Men Who Stare At Goats – 2009 – (Estados Unidos/Reino Unido) – Calif. 7/10

Dirección: Grant Heslov.

Guión: Peter Straughan; Basado en el Libro de Jon Ronson.

Producción: George Clooney, Grant Heslov & Paul Lister.

Cinematografía (Fotografía): Robert Elswit.

Dirección de Arte: Peter Borck.

Edición: Tatiana S. Riegel.

Música: Rolfe Kent.

Reparto: George Clooney (Lyn Cassady), Ewan McGregor (Bob Wilton), Jeff Bridges (Bill Django), Kevin Spacey (Larry Hooper), Stephen Lang (Brigadier General Dean Hopgood) & Stephen Root (Gus Lacey).

Género: Comedia.

“Los Hombres Que Miran a las Cabras” u “Hombres De Mentes” como se le ha titulado a la primer película del director Grant Heslov, es toda una odisea de elementos cómicos sustentados en un elenco muy impresionante, elemento que puede ser bien identificado desde el mismo póster promocional. Esta película que tardó tanto en llegar a nuestro país es una crítica boba pero reflexiva a la vez sobre como el ejército de los Estados Unidos, y de otros países igual, intentan generar o construir unidades especializadas en tópicos que rayan lo ridículo, es una mofa sobre este afán de una institución que trata de dominar desde todos los ángulos posibles y reales los enfrentamientos entre dos ejércitos, cuestiones que los hicieron hasta tratar de darle una oportunidad a elementos claramente antibélicos como lo fue el movimiento “hippie” de mediados de los años sesenta. El observar a George Clooney como un personaje atolondrado muy seguro de sus supuestos “poderes”, exaltados por la guía de su superior Jeff Bridges se transforma en una fotografía muy conocida, sin duda ese espíritu de encontrar lo significativamente crítico de la sociedad norteamericana que los hermanos Ethan y Joel Coen han puesto en películas como “Oh Brother, Where Are Thou?” (¿Dónde Estás Hermano?, 2000) o “The Big Lebowsky” (El Gran Lebowsky, 1998). En resumen puedo decir que se trata de una historia ágil y muy bien contada que muestra una parte absurda del ejército de los Estados Unidos, jugando con esta idea sobre la veracidad del asunto o historia en la que se basa el guión,  además de utilizar elementos culturales occidentales del siglo XX que dan cuenta de la crítica y de la mofa a una institución muy seria, nombrándose “caballeros jedi” o inclusive aplicando la técnica del “toque de la muerte”.

     ¿Qué demonios podría aportar al ejército de los Estados Unidos una división llamada “New Earth Army” (Ejército de la Nueva Tierra)? Jeff Bridges en un papel que le queda a la perfección, haciéndonos recordar a ese personaje Lebowsky o “The Dude” (El Hombre) que se convence sobre ciertos poderes mentales que pueden traspasar el espacio y el tiempo, todo un concepto nuevo sobre las posibilidades de combates y completamente ajeno a la disciplina del ejército, ya que tiene como base ciertas directrices del movimiento “hippie”, que contra el ejército o el poder fáctico son enemigos “naturales” dentro de la sociedad. Estas diferencias se conforman como los catalizadores de la historia, una pelea en las formas de cómo utilizar estos “poderes”, a los cuáles nunca se les cuestiona de manera explícita su existencia, sino que se vuelve como un pensamiento constante en el protagonista y en los espectadores a través de la comicidad de lo hippie como una estrategia militar: parar corazones de cabras, encontrar secuestrados desde continentes distintos, atravesar paredes, formar y desintegrar nubes con la mente y por supuesto el uso de mucho Lsd y música para acompañar el trance son elementos que pueden sacar una sonrisa a cualquiera, y qué más da si la premisa de Lin Cassady (George Clooney) para poder explotar sus poderes es el uso del alcohol, en especial un buen whiskey. Si esto no es una crítica al movimiento hippie y al ejército en sus excentricidades y paralelismos me parece que el público que lo niegue se encuentra en una sintonía muy distinta a la del autor y con la historia que se cuenta, y sobre todo con la critica que se intenta hacer.

     Lo que nos lleva a la duda sobre las investigaciones secretas sobre estos temas “paranormales”, y extasiados por el uso de drogas alucinógenas que han permitido a ciertos individuos explorar nuevas realidades, o por lo menos teorizarlas, como lo es el caso de los protagonistas. “Amor y Paz” y la posibilidad de una sociedad donde la hermandad es la meta a seguir para estos hombres uniformados pero con cabello largo, amantes del baile y con un aspecto a los años setenta en plena guerra de Iraq, anacronismos y discrepancias ideológicas que convergen en estos personajes excéntricos que tienen el descaro de propagar la “libertad” tan referida en nuestros días, mediante una introspectiva visión y el uso de drogas en ambientes “amables”, contrario a la idea común sobre el ejército y la tortura, y también la búsqueda del control y desmoronamiento mental en situaciones más extremas.

     El uso del Lsd y su creación como una droga psicodélica importante en las sociedades occidentales a partir de los años sesenta siempre ha acarreado una serie de mitos. La conformación del ácido lisérgico como una droga química por Albert Hoffman, siempre ha generado una sospecha sobre las intenciones y uso en las mentes de los individuos debido a las distintas reacciones, que tienen que ver con los procesos mentales y hasta paranoicos. Muchas veces el ejército estadounidense ha sido acusado de esto, y Gran Heslov y sus personajes,  “soldados hippies” o inclusive “guerreros jedi” son una faceta distinta de estas ideas. Me parece que la película falla precisamente en que se contextualiza en un tenue escenario de la guerra de Irak, y que le permitiría llamar la atención aún más y no solo crear una crítica ambivalente, que solo pretende alcanzar a un cierto grupo de espectadores, en donde la simplicidad conlleva ciertas complejidades sociales y hasta culturales, que van de la burocracia militar hasta las constantes referencias “jedi” al conocido joven “Obi-Wan Kenobi”, Ewan McGregor.

     Una vez más vemos al actor George Clooney en un excéntrico papel donde su ingenua y “bobalicona” representación recuerda directamente a sus anteriores trabajos con los hermanos Coen, a pesar de que su declarado  retiro de este tipo de personajes. Es otro buen papel de alguien que sabe ridiculizarse, claro protegido por una imagen de galán y de elegancia.

     Una buena película que sorprende ya que reta al espectador a encontrar su crítica entre tanta burla y sencillez, pero que no termina por desarrollar un sentido narrativo y estético, su referencia tan directa a los hermanos Coen la confunden con una obra regular de estos directores, considerados de culto. Pero a pesar de esto es una opción de verse, debido al excelente elenco que lo protagoniza, existe una química muy peculiar en estos hombres que no sufrieron en recordarnos otros grandiosos personajes, como el ya mencionado Lebowsky o el entrañable Lester Burnham en “American Beauty” (Belleza Americana, 1999) de Sam Mendes, por parte del villano Kevin Spacey, especialmente cuando fuma marihuana en su garaje.

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~ por Carlos Wilson en 20 mayo 2010.

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