Paciencia en un Destello Rubio

Singularidades de uma Rapariga Loura (“Excentricidades de una Mujer Rubia”) – 2009 – (España/Portugal/Francia) – Calif. 6.6/10

Dirección: Manoel de Oliveira.

Guión: Manoel de Oliveira / Basado en el cuento corto de Eça de Queirós.

Producción: Jacques Arhex, François d’Artemare, María João Mayer & Luis Miñarro.

 Cinematografía (Fotografía): Sabine Lancelin.

Dirección de Arte: Christian Marti.

Música: —————-.

Reparto: Ricardo Trêpa (Macário), Catarina Wallenstein (Luísa Vilaça), Diogo Dória (Tio Francisco), Júlia Buisel (Mãe de Luísa), Leonor Silveira (Mulher no Trem), Filipe Vargas (Amigo), Miguel Seabra (Notário) & Rogério Samora (Homem do chapéu).

Género: Drama.

Siguiendo en el ritmo del Foro Internacional de la Cineteca Nacional, tal vez el director de cine más experimentado en el mundo vuelve a sorprendernos pese a su longevidad con un nuevo largometraje a sus casi 100 años de edad, se trata de Manoel de Oliveira, el portugués que ha pasado por casi todas las etapas del cine, inclusive laboró en algunas producciones silentes. En esta su última historia nos llega con un título que llama mucho la atención, y que genera ciertas expectativas ante el público, el cual no tiene que estar enterado de la biografía del autor. “Singularidades de uma Rapariga Loura”, o “Excentricidades de una Mujer Rubia”, podría entenderse como una crítica hacia la sexualidad y la capacidad intelectual de las mujeres con este color de cabello, lo mejor de este caso es que se trata de una obra que ni siquiera se acerca a este tópico, es más un melodrama que llena al espectador de expectativas falsas para recrear una situación muy conocida en el mundo de la televisión. El autor nos embelesa con imágenes que van de lo clásico a lo moderno en un Lisboa magnífico y muy íntimo, inclusive surrealista, la confusión sobre la temporalidad del relato es constante, ya que juega con elementos que bien podrían ser parte de una película hollywoodense de los años 50’s con elementos actuales, resultando un entorno clásico y fresco que tal vez representa la actualidad portuguesa, quienes juegan en una cultura clásica europea con la introducción a una modernidad integral. Pero estos elementos no son insertados de manera aleatoria, el autor con sus años de experiencia ha ganado un ritmo muy especial, maneja la cámara y lo que quiere mostrar y lo que quiera explicar no se muestra en pantalla, una paciencia que en momentos acelera al espectador y en otros lo contiene en la contemplación, aunque abusa de esta última llenando de pretensiones la historia que de fondo carece, o que quiere volver algo demasiado extraordinario cuando se conoce su simplicidad, en la cual descansa sus mejores momentos.

Macário es un joven que acaba de comenzar su vida independiente, trata de hacerse de un buen nombre y de comenzar una vida laboral trabajando como contador para su tío, dueño de una tienda de telas en el centro de Lisboa, justamente en el primer día de trabajo le sorprende el amor a primera vista, ese del cuál decenas de películas e historias televisivas cuentan, al observar a una mujer joven y misteriosa en la ventana frente a su escritorio, prontamente comienza esta reciprocidad en las miradas, el protagonista cae en este juego juvenil y comienza una persecución por encontrarse con la bella mujer del abanico y de los ojos coquetos, esta parte de la película demuestra una maestría que solo puede ser aprendida por años de experiencia tras la lente, una sensualidad en la mirada y una narrativa erótica que recae en lo visual interpretativo, pero que rápidamente se pierde con la brutalidad del protagonista y del propio autor al relatar los indefinidos y ahogados encuentros en un romanticismo que no se concreta en ningún sentido, la segunda parte de la película es un ir venir en una cámara quieta mientras Macário consigue una pequeña estabilidad económica y así desposar a la coqueta rubia.

El título de esta película desconcierta completamente al observador, ya que el discurso principal trata sobre la todavía reinante idea de que el progreso natural del individuo es el encontrarse en una estabilidad emocional y por lo tanto económica que le permitirá a una persona unirse con otro individuo del sexo opuesto y comenzar una familia, quienes seguirán este ejemplo en futuras generaciones. Esto es muy común en el cine, a pesar de la crítica que se puede hacer socialmente el resultado es muy parecido, un ejemplo de los muchos relatos que existen es “High Fidelity” (Alta Fidelidad) de Stephen Frears, donde narra el accidental camino de un melómano hasta encontrar esta tranquilidad en su vida (menciono esta película debido a que este escrito lo he hecho tras encontrarme en televisión de paga esta maravillosa película, altamente recomendable). Este esfuerzo para conseguir los sueños de una familia son en parte mito y en parte realidad, pero ante un juego de seducción que se plantea al principio, la decepción de reducirlo a lo cotidianamente melodramático llama la atención de forma muy apurada en la historia.

Este mismo discurso sobre la inminente maduración de la persona hacia una vida de cotidianidad amorosa nos lleva hacia otro estereotipo, donde mujeres como la pequeña y bella Luísa es conducida por el orden del hombre, una forma de dominación de género ya que su madurez biológica y social se apresura en un vértigo de pasiones y de decisiones que tal vez no sean las adecuadas, ya que como sucede en la historia, ese coqueteo muchas veces resulta en una forma de vida incompleta, la falta de experiencias propias del acelerado ritmo de vida actual. Luísa no está preparada para tal compromiso pese al insistencia de salir de su casa, tal vez el amor es confundido por la rebeldía natural de la adolescencia.

El conflicto sucede cuando en la inmadurez de una joven, en su excentricidad y en la búsqueda de diversión y de emoción que el autor entiende como natural, es incomprendida por Macário, quien de igual forma aprende a no apresurar la misma vida, su arrepentimiento posterior se siente desde una moralidad muy santurrona, este cruce en la historia da un desaire en un ritmo ya de por si pesado, en una historia que pudo haber sido mucho más si se arriesgaba con un ritmo un poco más acelerado, y que el autor termina sucumbido en el clasicismo de su misma condición, la edad no le permite dar un corte emocionante, se esconde en la contemplación aceptada.

Justo cuando las cosas podrían emprender un verdadero reto a la historia y a los protagonistas, la película termina en una incomprensión del espectador, se pretende que este último termine la historia en su interpretación, dándole un sin sabor que solo puede rescatar de manera muy vaga la extraordinaria paciencia de la imagen, un experimento visual y narrativo que queda inconcluso en los apenas 64 minutos de duración, una buena opción a medias.

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~ por Carlos Wilson en 20 junio 2010.

Una respuesta to “Paciencia en un Destello Rubio”

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