La Solidaridad y Universalidad en la Obra de Eisenstein.

Bronenosets Potyomkin – 1925 – (URSS) – Calif. 10/10

Dirección: Sergei Eisenstein.

Guión: Nina Agadzhanova (Script), Nikolai Ayesev (Intertítulos), Sergei Tretyakov (Intertítulos) & Sergei Eisenstein.

Producción: Brian Shirey (Versión de 2007).

Producción Ejecutiva: URSS.

 Cinematografía (Fotografía): Eduard Tisse & Vladimir Popov.

Dirección de Arte: Vasili Rakhals.

Edición: Sergei Eisenstein & Grigori Aleksandrov.

Música: Edmund Meisel.

Reparto: Aleksandr Antonov (Grigory Vakulinchuk), Vladimir Barsky (Commander Golikov), Grigory Aleksandrov (Chief Officer Giliarovsky) & N. Poltavtseva (Mujer Líder).

Género: Drama, Histórico.

Como ya había pasado en este blog, estos pequeños escritos llámense críticas, reseñas o como se quiera, no solo me encargo de hablar sobre los estrenos o de películas recientes, también es una oportunidad hablar de aquellas películas clásicas que han sido inspiración y enseñanza para un incontable número de cineastas  y de visiones estéticas y narrativas que han hecho época, verdaderas obra de arte que rompieron con esquemas y que comenzaron vanguardias y formas de representación cinematográfica a nivel narrativo y técnico, como resulta la película de esta entrega: “Bronenosets Potyomkin” (El Acorazado Potemkin) del maestro cineasta y teórico del cine Sergei Eisenstein. Podemos decir que es la obra magistral y más conocida de este maestro ruso, la más famosa y renombrada de su filmografía, que resulta basta y amplia en sus representaciones, pero que mantienen el interés no solo de los nuevos cinéfilos, sino también de analistas profesionales y de estudiosos, desde la propia teoría del cine y del arte hasta científicos sociales como sociólogos, comunicólogos y hasta economistas. El dramatismo y la simbología expresada en las imágenes de esta película son las primeras formas de un cine de autor y de una gran superproducción en el cine, por cintas como esta es que el cine gana estatus de arte a pesar de su muy reciente creación, por autores que observan una característica de expresión estética y de contenido como Sergei Eisenstein en la Unión Soviética y D.W. Griffith en los Estados Unidos, verdaderos maestros del cine mundial, que asombraron al mundo en las primeras décadas del siglo XX, y que desde ese entonces se vería reflejado en sus temas las corrientes económicas, políticas y artísticas de más de la mitad de ese siglo, desde la ideología capitalista o de la socialista.

Lo anterior reafirma la importancia de Sergei Eisenstein, ya no nada más como excelente cineasta y técnico, sino que los temas representados en sus películas, y en especial en el “Acorazado Potemkin”, tienen un carácter universal, de comprensión en los sentimientos y situaciones expresadas, cuestiones que pueden ser entendidas en casi cualquier parte del mundo, tales como la solidaridad y la organización del pueblo para derrocar al poder tirano. También las cuestiones dramáticas en donde la población expresa su dolor y la capacidad de crear ídolos caídos de aquellos que han luchado por lo que consideran correcto, formando una adhesión social fuerte e ideales de justicia y de redención en todas las sociedades, en otras palabras “El Acorazado Potemkin” se transforma en una obra de arte de esencia muy humana pese a la carga ideológica de la época, una obra que puede reinterpretarse desde ángulos muy distintos.

El cine al ser un mensaje que puede ser directo o en su mayoría indirecto siempre tendrá una carga ideológica muy fuerte, ya que representa en símbolos y en un producto audiovisual ciertas formas ideales de la sociedad, ya sea por medio de representaciones puntuales e idealmente correctas o a través de una crítica, aunque esto último ha generado una serie de personajes o “ídolos pop” como héroes y antihéroes, que van desde un “Forrest Gump” hasta un “Taxi Driver” o un “Scarface”. Para la película de Eisenstein las formas de los personajes fueron creados más como una representación general de la población rusa de esa época, pero que simboliza, en los distintos niveles sociales de los mismos personajes, una generalidad de la historia del hombre, la maquinaria militar, la sociedad civil, el dolor de las madres, la identificación como nación, la camaradería de los iguales, cuestiones que aún son consideradas revolucionarias en contra de la “libertad” que tanto oprime y que proviene del propio capitalismo.

Obviamente el cine es un producto social y de su época, pero “El Acorazado Potemkin” trasciende estos parámetros espaciales-temporales, y al mismo tiempo encontramos una característica que toda expresión cinematográfica tiene como producto cultural y social, una carga política, que dependiendo de la historia se presenta como muy evidente o muy sutil, para Sergei Eisenstein y como para otros clásicos y verdaderos artistas de la cinematografía esta cuestión es primordial, y se entiende que no solo debe emanar de la pantalla hacia el público, sino que también el asistir a ver una película determinada se puede expresar por parte de cada individuo una tendencia concreta, por eso el dicho que proliferó en los años setenta: “asistir al cine es un acto político”. Hay quienes asisten para entretenerse, pero en general el cine es una gran maquinara o artilugio de conocimiento y de comprensión de nuestra realidad, el valor real de obras como la de Eisenstein se vuelve fundamental para entender la historia y la realidad actual, no es necesario delatarse como “rojo” o cualquiera que sea nuestra inclinación política, “El Acorazado Potemkin”  representa algo más que una posición política, algo esencial en el individuo, su propia existencia como ser político.

A través de la historia del cine, como de la música, expresiones evidentemente pop, la reinterpretación (y la deformación como dirían algunos), se ha vuelto cotidiano para quienes consumimos de manera obsesiva estas formas de arte. “Covers” a canciones que cambian totalmente el sentido y “remakes” de filmes que tratan de actualizarlos a nuestra época. Para Eisenstein esta característica es muy importante, aunque no sobre el mensaje esencial de la historia, sino en la reinterpretación de lo universal, para que distintas generaciones comprendan la importancia de estos temas, inclusive para esta película el autor dejó abierta la posibilidad de que se crearan musicalizaciones de acuerdo a la época, y que se han realizado de manera oficial y no-oficial, siendo la última y sorprendente por parte del grupo británico Pet Shop Boys.

Entre tantas formas y puntos de análisis sobre esta obra de arte moderno, es importante recordar el valor de su montaje, el alargue dramático y tenso del tiempo dentro de la cinta, de maravillosas secuencias como la de las “Escaleras de Odesa” y el final en el enfrentamiento en los acorazados, escenas que han servido de inspiración y tributo en otras obras magistrales como “The Untouchables” (Los Intocables) de Brian de Palma. Una obra de arte obligada para cualquier cinéfilo.

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~ por Carlos Wilson en 6 julio 2010.

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