La Revolución Mexicana Silente.

Memorias de un Mexicano – 1950 – (México) – Calif. 7.0/10

Dirección: Carmen y Salvador Toscano.

Guión: Manuel Bernal.

Producción: Carmen Toscano.

Producción Ejecutiva: Carmen Toscano.

 Cinematografía (Fotografía): Javier Sierra.

Dirección de Arte: ———————-.

Edición: Teódulo Bustos Jr.

Música: Jorge Pérez.

Reparto: Manuel Bernal (Narrador).

Género: Documental, Histórico.

El cine tiene una diversidad de funciones que lo vuelven un instrumento que puede incursionar en distintas actividades de la actividad humana, puede ser muy individualista o inclusive el detonador que exalta, engrandece y hasta mitifica una masa o una sociedad, esta función se puede ver reflejada de forma magistral en la obra de Sergei Eisenstein “Acorazado Potemkin”, película de la cual escribí en la entrega anterior. En este nuevo escrito se analiza de forma muy rápida una obra que pertenece a la misma época, y que habla de la otra revolución de inicio de siglo que transformaría la concepción del mundo hasta la fecha, y que con el paso de los años se convertiría en un tema recurrente del cine mundial, ya sea que se hablara directamente o se tratase como un contexto dentro de otras historias, hablo de la revolución mexicana. “Memorias de un Mexicano” es un paseo memorable dentro de la historia de este evento histórico, un camino de imágenes originales, históricas y asombrosas de una realidad y euforia que se vivía por el movimiento armado en nuestro país, con una narración que da cuenta de las imágenes de personajes y eventos reales.  Esta película documental tiene un valor incalculable sobre nuestra historia como nación y como cultura, el cine y la sociedad como la conocemos estaban dando sus primeros pasos, una cuestión muy especial, el nacimiento de un arte y de una cultura nacional. Un camino histórico-visual sobre el México de inicios de siglo, sobre el México revolucionario, tema que todavía es parte esencial de nuestra realidad.

Salvador toscano logra filmar escenas increíbles, su valor estético y documental es muy grande, aunque no tiene la elaboración de otras películas debido a que las imágenes son crudas, o sea son personajes y situaciones no preparadas, es un documental en el más rígido sentido de la palabra. El cine y la revolución mexicana han tenido una unión histórica, se puede sentir en diversas facetas de la realidad cotidiana en la sociedad mexicana, y sobre todo en la representación que se tiene sobre esta cultura en el extranjero, gracias a películas que van desde la magistral “¡Que Viva México!” de Sergei Eisenstein hasta las diversas y numerosas realizaciones de directores reconocidos como Fernando de Fuentes o Emilio “Indio” Fernández, quienes debido a sus personajes han creado un estereotipo de lo mexicano que proviene de las misma crónicas revolucionarias, hombres de sombrero, zarape, bigote, cantantes y muy machos. Lamentablemente esta imagen de exportación ha formado una idea muchas veces errónea de lo mexicano, y es que no todos son como Pedro Infante o como lo pintaban esas películas. Por eso “Memorias de un Mexicano” es importante debido a la veracidad sobre una sociedad que se encontraba en caos, aunque la tendencia ideológica y política de la narración efectiva de Manuel Bernal transforma este sentido en un orgullo nacionalista que encaja muy bien en estos días de “bicentenario” y “centenario”, el regreso a la época de los discursos oficialistas.

Las imágenes generan un interés por un lado, mientras que la construcción de una historia paralela se vuelve demasiado oficialista, si bien es la narración de un par de individuos, tío y sobrino, que se encuentran inmiscuidos en la revolución armada, sobre las imágenes de los soldados y de los caudillos, sirven para explicar las victorias y las derrotas de estos, así como los cambios en los discursos que dominaban por ese momento la lucha, que van desde la aristocracia porfiriana, pasando por el idealismo democrático de Madero, la lucha campesina de Zapata, la leyenda de Pancho Villa, la política de Carranza y de Obregón, la traición de Huerta y terminando con un adelanto acelerado de las siguientes décadas, de aquellos gobiernos considerados como “gobiernos revolucionarios”. Si bien las imágenes nos permiten reflexionar sobre nuestra propia historia hay que advertir que debido a la producción que se formó alrededor de esta, no hay mucha diferencia a lo que se aprende en la escuela, un discurso oficialista que no permite ahondar ni siquiera un poco.

Por eso esta película, aunque se trate de un documental no queda exenta, a pesar de ser post-producida años atrás, de toda esta maquinaria nacionalista que el gobierno y todas las instituciones que nos rigen se han dedicado a exaltar en estos últimos meses. El nacionalismo se vuelve parte esencial de la propaganda política de nuestros días, tratar de esconder con un entusiasmo ciego es muy peligroso para la sociedad, y esto se puede ver reflejado en las artes, como el cine que nos interesa en este blog, y es que el llamar a hacer lo que te enorgullece y lo “bonito” de nuestro país, cultura y sociedad rompe con la esencia del mismo arte, la crítica y la representación de la realidad se deforma en una “oficialización” que degrada la creatividad y la propia belleza. Si nuestra realidad es horripilante y depravada por la violencia y el cinismo de quienes nos gobiernan, el arte como el cine, la música y la literatura serán los primeros espacios que traten de concientizarnos, si no es que ya lo están haciendo, pero que en manos de aquellos que quieren por ambición mantener el poder, pues su deformación y degradación puede ser pintoresca, como sucede en estos días.

Fuera del contexto un tanto pesimista que se dibuja en las líneas anteriores, el esfuerzo de estas instituciones culturales, y en especial de aquellos que conforman la “Fundación Toscano”, es impresionante y muy importante para la cultura y la historia del cine de nuestro país, rescatar estos documentos históricos y poder ser difundidos es parte del estudio y el saber cómo nuestra identidad como cultura se ha construido.

Al final la película documental puede ser un poco pesada, pero en estos días de tanta aceleración narrativa, darse un respiro con aquellas primeras escenas de la historia del cine y su vinculación con la sociedad y como arte es una experiencia casi necesaria para todo cinéfilo, además de que retrata como uno de los primeros documentales un tema que ha sido de los más contados en la historia de la cinematografía mundial, donde solamente la segunda guerra mundial ha sido representada más veces, esto como un evento bélico.

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~ por Carlos Wilson en 6 julio 2010.

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