La Onda Chida del Súper Ocho.

Luz Externa – 1973 – (México) – Calif. 6.8/10

Duración: 25 minutos Aprox.

Dirección: José Agustín.

Guión: José Agustín.

Producción: José Agustín.

Producción Ejecutiva: José Agustín.

 Cinematografía (Fotografía): Sergio García.

Dirección de Arte: José Agustín.

Edición: José Agustín.

Música: Carlos Anguiano & Salvador Rojo.

Reparto: Gabriel Retes (Hombre), July Furlong (Mujer) & Antonio Huerta.

Género: Súper Ocho, Drama.

El cine en México, como en casi cualquier otro país, ha encontrado un estancamiento en ciertos estándares de calidad y sobre todo en la falta de creatividad a través de las épocas ocasionada por estereotipos y lugares comunes, en el caso del cine mexicano la llamada “época de oro” terminó con la implantación de una expresión artística “oficialista” y monopolizada por el gobierno y algunas figuras que no permitían que las nuevas vanguardias o expresiones que provenían del extranjero pudieran ser influencia directa para renovación y expresiones de nuevos artistas, principalmente provenientes de Europa y en especial de Francia, de directores como Jean-Luc Goddard o inclusive de la escena independiente norteamericana como las películas de John Cassavetes. México de repente se quedó sin una cinematografía de calidad que pudiera ser exhibida a un público extenso, pero para ese entonces la tecnología sobre la fotografía y por lo tanto en las cámaras de cine habían dado ya un gran avance, el súper ocho se convertiría en la versión compacta y económica de filmar, y en todo el mundo comenzaría a recorrer la idea de que hacer cine es posible, de que no es necesario estudiarlo formalmente, ni tampoco de necesitar un presupuesto enorme para su creación, y entre esas personas entusiastas se encontraría el escritor José Agustín, quien como muchos otros artistas encuentra al cine como un espacio de expresión fascinante por la forma estética que puede generar. Gracias a esta pequeña obra de apenas unos 25 minutos llamada “Luz Externa” podemos ver como el movimiento estudiantil de los años sesenta y setentas, así como con la llamada literatura de la onda, se ven representados en una obra simpática.

La historia trata sobre un hombre joven y sus relaciones cotidianas en un mundo en constante cambio, sus facetas con su familia, con su novia, con sus amigos y con la constante aceptación y negación de una sociedad como la ciudad de México. Él, siendo un “hippie” se da cuenta que su forma de ser trae consigo resultados positivos y negativos, entre los temas que podemos observar dentro de la historia resalta el uso de drogas como algo cotidiano en la vida del joven, y que bien podría representar a casi toda la juventud de esa época y hasta actual, la constante lucha y debate sobre si el uso de estas sustancias, como la mariguana, los hongos alucinógenos y el lsd generan una nueva forma de pensar el mundo o es simple “estupidez” y destrucción de cada individuo. Al ser un cortometraje rodado en súper ocho el sonido directo resultó ser un problema, por eso la versión que llego a mis pupilas contiene una narración externa, pero que le dota de un sentido muy singular, ya que parece que el guión queda casi intacto de la obra literaria, el cuento de José Agustín del mismo nombre.

Lo que más llama la atención es que trata a la juventud como parte activa de la sociedad, su incidencia política y de verdadera acción en cuestiones importantes como la política, la cultura y las artes es de suma importancia, ya que debido a historias y películas como esta se le reconoce un papel fundamental en la sociedad a este estado del individuo entre el niño y el adulto. Se crea la conciencia del joven, que pretende cambiar y mejorar la realidad venidera que le abruma, o en casos como el del protagonista, el tratar de crearse una forma de vida diferente a lo que se espera de él, rebelarse frente las estructuras que oprimen y tratan de estructurar al individuo en espacios ya establecidos, en instituciones como la familia, la política y la cultura. Los pasajes del corto pueden ser exagerados debido a la forma literaria de José Agustín, pero como los jóvenes que tienden a exagerar las experiencias volviéndolas míticas y comunes esos recuerdos de desobediencia y experimentación, lo que se aprende de ellas, fiestas, excesos y aventuras conforman el carácter del individuo como parte de una generación, cosas por las que uno debe pasar para poder construir la imagen de un mundo cambiante, ya sea que uno tome este camino “hippie” o lo reconsidere a la mitad de este.

Existe un momento en donde las actitudes subversivas son cuestionadas no solo por el poder al que se le rebela, sino por aquellos otros que han intensificado o han dicho encontrar el punto neurálgico de todo un problema social, esta es la bifurcación que toma el buen protagonista personificado y narrado por Gabriel Retes, a quien le acusan de simple vividor y de ser un individuo sin conciencia al usar las drogas como escape y forma de reflexión individual. Esto representa una parte crucial de la década y de la forma de pensamiento de la época en la que fue hecho el cortometraje, ya que la lucha por los derechos civiles y por una sociedad más justa llenaba los espacios alternativos en universidades y en las artes, defendidos férreamente frente a una opresión violenta y terrible que tendría su clímax en el episodio de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, solo unos años antes de la realización cinematográfica de José Agustín. Esto también nos pone en perspectiva debido al poco presupuesto y a la prácticamente nula exhibición de esta película, que no tendría libertad sino hasta nuestros días.

El uso del lenguaje en la película representa a una juventud que se encontraba justo en medio de influencias en un mundo que comenzaba a globalizarse tras expresiones culturales como la chicana, el rock estadounidense y británico de bandas como The Beatles, The Rolling Stones, Janis Joplin, Led Zepellin y Pink Floyd. Un inicio sobre la importancia de la cultura pop en nuestra cotidianidad, palabras como “chido”, “cámara”, “agarra la onda”, además del uso de drogas “ilegales” como elemento central en la formación de mentes más abiertas.

La fantasía del súper ocho es una melancolía de los cinéfilos, es como grabar en cine pero chiquito, su estética es menos cruda que la del video moderno, además uno recuerda grandes maestros como los mencionados John Cassevetes, Pedro Almodóvar, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola en sus inicios, quienes también utilizaron el muy parecido 16 mm, como Quentin Tarantino, referente de la cinefilia actual.

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~ por Carlos Wilson en 7 julio 2010.

Una respuesta to “La Onda Chida del Súper Ocho.”

  1. Me gustaria conocer el playlist por favor

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