La Distanciada Realidad de la Familia Posmoderna.

Please, Give – 2010 – (Estados Unidos) – Calif. 7.4/10

Duración: 90 Min.

Dirección: Nicole Holofcener.

Guión: Nicole Holofcener.

Producción: Anthony Bregman, Stefanie Azpiazu & Caroline Jaczko.

Producción Ejecutiva: ———————-.

 Cinematografía (Fotografía): Yaron Orbach.

Dirección de Arte: Lauren Fitzsimmons.

Diseño de Producción: Mark White.

Edición: Robert Frazen.

Música: Marcelo Zarvos.

Reparto: Rebeca Hall (Rebeca), Catherine Keener (Kate), Amanda Peet (Mary) & Oliver Platt (Alex).

Género: Drama, Novísimo Cine Norteamericano.

Cada vez más llegan a nuestro país y a nuestra ciudad (Ciudad de México) películas norteamericanas que tratan de salir un poco, o casi totalmente, del estereotipo Hollywoodense, un estilo de cinematografía que pretende regresar la humanidad y la reflexión inmediata de una sociedad que ha cambiado desde su base la forma en cómo se comprende la vida, especialmente dentro de espacios urbanos, la familia norteamericana y prácticamente de cualquier parte del mundo se ha fragmentado en los últimos tiempos, y el cine como parte reflector de la realidad no se ha quedado atrás en representar de distintas formas este resquebrajamiento, autores como Wes Anderson con “The Royal Tenenbaums” (Los Excéntricos Tenenbaum, 2001) o Zach Braff y su “Garden State” (Tiempo de Volver, 2004) dan cuenta de que el cine “independiente” norteamericano voltea a lo más esencial de su estructura social, el núcleo familiar. Esta película de Nicole Holofcener goza de un grupo de protagonistas muy interesantes, en cierta forma una familia y demás individuos que se relacionan de manera inmediata tanto para mantener un pie en la realidad como para sacar un provecho de esas relaciones directas o indirectas. El protagonismo se divide en la disfuncionalidad y en la engañosa aceptación de una dinámica de supuesta felicidad, una aceptable representación llevada por la cuasi contemplación de una posmodernidad que aísla a los propios personajes, de un novísimo cine norteamericano donde todo tiene una conexión en tono trágico, y que juega con la esperanza y el pesimismo.

Kate (Catherine Keener) es una mujer madura que vive en la ciudad de New York con su esposo e hija, se dedica a encontrar muebles considerados “vintage” o “antiguos” de personas que ya no lo necesitan y revenderlos a precios un tanto excesivos, pero la historia se concentra más en el proceso de aceptación de Kate dentro de una sociedad que dista mucho de ser igualitaria, haciendole pensar y generar una conciencia con respecto a ciertos fenómenos que le rodean, principalmente de la pobreza y del olvido en que muchas personas viven dentro de las ciudades, por eso trata de dar dinero y ayuda a cualquier indigente e individuo que parezca necesitarla, cuestión que le ocasiona problemas con su hija adolescente Abby (Sarah Steele), quien debido a su etapa de formación le exige ciertos tipos de lujos que Kate no está dispuesta a cumplir. Mientras tanto Kate y su marido Alex (Oliver Platt) tiene la idea de comprar el departamento de un lado para ampliar su casa, solo deben esperar la muerte de la avejentada y excesivamente sincera Andra (Ann Guilbert) quien es visitada constantemente por sus sobrinas Rebecca (Rebecca Hall) y Mary (Amanda Peet).

La principal característica de esta película, y de todas aquellas perteneciente a esta curiosa forma de hacer cine, reside en una crítica muy directa de las transformaciones sociales, que se crean desde los espacios urbanos como lugares por excelencia de la vida actual, la indiferencia y la cada vez mayor falta de relación del individuo con sus semejantes pese a la inmensidad de una masa de población donde reside, en otras palabras la impersonalidad en la que el individuo social se ha refugiado en lugares donde se convive con millones de otras personas. Y esta película refleja muy bien ese desconocimiento que se tiene actualmente hasta de los vecinos directos, estas urbes como New York han convertido al ser humano en un ser completamente individualista pero con una necesidad masoquista de limitarse su espacio y de sortear el inevitable contacto con millones iguales a su condición. Pero a pesar de este aislamiento que se puede comprobar a diario en las ciudades y que en la representación de la película resulta muy evidente, sobre todo en la joven Rebecca quien parece no tener ningún tipo de interés por conseguir pareja, y ni siquiera existe una preocupación por su situación, sino una idea de conformismo extremo.

La inseguridad y el engaño muchas veces inconscientemente de los protagonistas dota a la historia de una autenticidad muy peculiar, ya que muchas de las emociones son controladas, o sea no existe una dramatización más allá de lo que los intérpretes podrían entender como “natural”, y que grandes actores de este ambiente “indie” del cine de Hollywood como Catherine Keener y Oliver Platt se desempeñan con gran solvencia. Todos los que intervienen en la pantalla tienen un secreto o un engaño que esconder de los demás, ya sea desde la inseguridad, un amorío, un berrinche, la desesperación, el sentirse atrapada en una relación monótona, etc., lo que es expresado por todos desde una represión un tanto egoísta ya que mantiene en constante tensión la situación casi cotidiana de la acción que nos presentan en pantalla. Como parte de una contemplación posmoderna de la misma directora encontramos en estas represiones emocionales un desencanto del mito y de la ilusión que Hollywood ha establecido con el concepto de amor y de romance, todos han perdido ese encanto de encontrar o de ilusionarse con la búsqueda de esa emoción que resulta inalcanzable y sin sentido a los ojos de unos desesperanzados protagonistas, no existe un sentido más allá del presente, lo cual resulta una agradable sorpresa debido a que la mayoría de las historias “humanas” provenientes de Hollywood se basan en la “lucha” por un bienestar prometedor, una de las principales cualidades de la película es que no trata de emocionar artificialmente con una ilusión falsa o repetetitiva, podemos decir que se trata de una desesperanza un tanto colorida, tal y como lo hiciera Wes Anderson y sus Tenenbaums.

Por lo tanto el personaje protagonista de Kate se refugia en la satisfacción inmediata de la caridad como salida de una realidad abrumadora, de problemas que le rodean y que parecen pasar sin sentido y desde una indiferencia, a pesar de que las acciones en la historia le afecten directamente. Termina con sus pocas ilusiones y generan un estado de desamparo tanto emocional como físico. Una película que trata temas muy íntimos dentro de un ritmo que puede no gustar a la mayoría del público pero que da cuenta de esta desesperación de la realidad actual.

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~ por Carlos Wilson en 13 octubre 2010.

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