El Terror Real del Encierro.

•2 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Mi Vida Dentro– 2007 – (México) – Calif. 9.0/10

Duración: 120 Min.

Dirección: Lucía Gajá.

Guión: Lucía Gajá.

Producción: Rodrigo Herranz.

Producción Ejecutiva: —————–.

 Cinematografía (Fotografía): ————–.

Dirección de Arte: ————–.

Edición: Lucía Gajá.

Música: Leonardo Heiblum & Jacobo Lieberman.

Reparto: Rosa Estela Olvera.

Género: Documental.

El documental en México se trata de un tema muy interesante, la democratización en las formas de grabar video se puede resumir en la facilidad de conseguir materiales más baratos y extensos, que han logrado que cada vez más jóvenes, y no tan jóvenes, se lancen por las calles o por cualquier espacio a tratar de captar la realidad, aquella aterradora o de una belleza no muy reconocida. Y sin tratarse únicamente de estudiantes de cine o de profesiones referentes a lo social, humanístico o las artes, si no que haya surgido un importante canal de expresión en el documental que permite expresarse desde casi cualquier perspectiva, tratando de llegar a una verdad, y el tratar de llevarla lo menos “maquillada” posible a cualquier tipo de audiencia. La contradicción es que sobre todos estos trabajos, me atrevo a decir que son decenas de documentales que se realizan al año, muy pocos pueden tener una exhibición ni siquiera mínimamente decente, muchos trabajos se quedan como simples ejercicios que no serán observados por nadie, por lo tanto una protesta, visión, expresión, etc. que no será escuchada. En México, como en la mayoría de los países latinoamericanos, y tal vez en todo el mundo, el documental es una voz que expresa una inconformidad o plantea el observar a la sociedad de forma distinta a las convenciones estéticas del arte, su crudeza conmueve gracias al precepto de su veracidad, aunque esto no significa que exista un planteamiento completamente objetivo en su discurso. De igual forma existe un prejuicio muchas veces coincidido por muchos en que estas obras se desvían en narrativas aburridas para un público masivo no acostumbrado a estas expresiones culturales, por lo tanto muchos temas que podrían ser interesantes quedan perdidos en la inmensidad de las injusticias urbanas, rurales, indígenas, migratorias, etc., por eso la historia de Lucía Gajá, de gran calidad y de gran investigación sobre su tema, es una joya que debe ser vista, su trato está más enfocado a la cinematografía convencional que al ensayo “académico” por el que comúnmente optan los documentalistas, resultando inclusive como una obra poética y aterradora sobre una realidad que se ha vuelto cotidiana para muchas personas y familias de mexicanos y latinoamericanos.

El tema principal y original de la egresada del CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), era sobre las mujeres migrantes que terminaban presas en Estados Unidos, pero durante su trabajo de investigación se encontró con el caso extraordinario de una joven originaria de Ecatepec, que debido a su desconocimiento sobre las leyes estadounidenses y tras un accidente muy desafortunado, se ve de repente presa por un supuesto crimen muy grave, terminando con sus sueños e ilusiones de desarrollarse económicamente y familiarmente en los Estados Unidos, como millones de mexicanos y latinos desean cada año. El documental narra el proceso de juicio de Rosa Olvera que dura casi tres años, el cual da registro de la tenacidad y paciencia de la directora en su seguimiento e investigación. La historia va del 2005 cuando desafortunadamente el pequeño niño Bryan muere por asfixia accidental mientras Rosa lo cuidaba, y en la inflexible búsqueda de la justicia norteamericana y texana por encontrar un culpable a pesar de que las evidencias lleven a la idea de un terrible accidente, siendo Rosa la principal sospechosa. El documental, magistralmente narrado, es una odisea durante este proceso casi de película, en muchas partes parece la más aberrante ficción, en donde comentarios y prejuicios raciales, económicos y culturales son dados como pretensiones de culpabilidad. Aunque no existe una narrativa lineal, las imágenes, entrevistas y unas postales reflexivas nos llevan por un viaje que muchos han realizado, inclusive en los créditos iniciales se traza con la cámara el probable viaje y camino que debió haber hecho su protagonista, desde Ecatepec como parte de la monstruosa y ruidosa Ciudad de México hasta Austin, Texas, como la representación de la modernidad y progreso vista en sus calles amplias y en los altos edificios.

No existe engaño en el tratamiento de este extraño caso, pero mientras el juicio se va exponiendo, se va generando una sorpresa sobre la realidad de una historia que se va mimetizando con cualquier otro cuento hollywoodense, principal razón por lo cual la autora trata de establecerse fuera de este “circo” manteniendo una casi imposible objetividad, pero es por la misma naturalidad del tema y de los sucesos a través del tiempo en una realidad concreta y con una injusticia tan evidente, que resulta muy difícil establecer un punto de vista indiferente, ya sea personal, social o hasta cinematográfico.

Este sentido de imparcialidad u objetividad, como quiera ser nombrada, se desenvuelve gracias a la ayuda que la autora fue encontrando mientras se realizaba la obra, representado casi exclusivamente en la activista y trabajadora del Consulado Mexicano en Texas, Carmen Cortés, quien explica las dificultades y las injusticias que muchas veces son cometidas sobre los migrantes en Estados Unidos, basadas casi en su mayoría en el completo desconocimiento de las leyes norteamericanas, abriendo un nuevo tema como uno de los principales puntos de choque entre las culturas desde el sentido de lo legal. La adaptación y la tradición en un territorio nuevo, así como la sutil influencia de estas tradiciones en un ambiente que se defiende a través de un cierto hermetismo, y teniendo como opción el de aprender el idioma y por lo menos tener una noción de las leyes, de lo que se puede hacer y no, de lo moralmente permitido, etc., y no en el sentido de alienarse a una cultura distinta, sino más bien como forma de autodefensa ante un escenario xenófobo y extraño, logrando una cierta metáfora sobre la injusticia que nace de la ignorancia de las dos partes.

La obra de Lucía Gajá es un claro ejemplo de que los documentales no deben relegarse a una exhibición limitada, cuando se hacen con calidad, y si logra expresar y representar un tema muy bien hecho como el de “Mi Vida Dentro”, las repercusiones o consecuencias llegan a niveles muy amplios, mientras tanto esperemos noticias sobre el caso de Rosa, en muchas partes del mundo existe indignación ante tal injusticia.

Sencillo y Original, “Inception”, La Idea Brillante del Año.

•30 agosto 2010 • 1 comentario

Inception– 2010 – (Estados Unidos/Reino Unido) – Calif. 9.3/10

Duración: 148 Min.

Dirección: Christopher Nolan.

Guión: Christopher Nolan.

Producción: Christopher Nolan, Kanjiro Sakura, Yoshikuni Taki, Emma Thomas, Zakaria  Alaoui, John Bernard, Jordan Goldberg & Thomas Hayslip.

Producción Ejecutiva: Chris Brigham & Thomas Tull.

 Cinematografía (Fotografía): Wally Pfister.

Dirección de Arte: Luke Freeborn, Brad Ricker & Dean Wolcott.

Edición: Lee Smith.

Música: Hans Zimmer.

Reparto: Leonardo Dicaprio (Cobb), Joseph Gordon-Levitt (Arthur), Ellen Page (Ariadne), Tom Hardy (Eames), Ken Watanabe (Saito), Dileep Rao (Yusuf), Cillian Murphy (Robert Fischer), Tom Berenger (Peter Browning), Marion Cotillard (Mal), Lukas Haas (Nash), Pete Postlethwaite (Maurice Fischer) & Michael Caine (Miles).

Género: Acción, Ciencia Ficción, Suspenso.

El cine no solo es una expresión lúdica de la sociedad, claro que sus características lo vuelven el arte más popular y al que más acceso tiene la población mundial, siendo por ahora el arte con mayor proyección desde su propia dualidad, ya que cuenta con formas estéticas de gran asombro y con el interés económico y simbólico de dominación muy bien establecido desde mediados del siglo pasado, y del cual Hollywood no ha perdido el lugar central. Por eso los debates de los últimos años sobre la calidad y la saturación mes con mes de las salas comerciales y de cómo inundan nuestras ciudades separando las funciones del cine en la sociedad, ya sea como un simple esparcimiento en las salas de las plazas comerciales, o en el interés artístico y académico de unas pocas y pequeñas salas en el “circuito cultural”. Aunque siempre existirán detractores que la tachen de hollywoodense y demás adjetivos, “Inception” del ya aclamado Chritopher Nolan, tiene la gran cualidad de unificar públicos, de poder dirigirse a uno más especializado y narrativamente exigente, así como a la masa que llena las salas ante la espectacularidad visual de las nuevas tecnologías del cine, al fin y al cabo es una película u obra cinematográfica de la cual se hablara en todas partes, y que para la época de premios suntuosos y criticados a principios del próximo año, y que hasta los llamados críticos ven, será muy mencionada por su calidad narrativa y minuciosidad industrial.

“Inception” cuenta una historia en donde la realidad concreta y onírica es explicada de manera muy extensa y sencilla, que puede comprenderse desde la visión particular de ciertas perspectivas, por eso Arquitectos, Psicólogos, Sociólogos, Surrealistas y hasta “chamanes” pueden salir de las salas de cine entusiasmados, y es que el nivel explicativo de Christopher Nolan y de su guión y desde los diálogos resultan muy lúcidos, que cualquiera puede entender. No existe un nivel muy elevado para su comprensión, los sueños como algo cotidiano y humano se revelan para el espectador como un interés universal por comprender sus significados, simbolismos y demás, la concepción de que las reglas que rigen la realidad concreta en los sueños pueden romperse es parte de casi la mitad de la vida de un individuo, de igual forma la sensación de que no se trata de una realidad alterna o creación meramente cerebral, el sueño solo puede partir de una realidad, entonces el sueño o el soñar se convierte en una realidad mucho más compleja ya que interviene el inconsciente, es una forma más completa de la realidad, ya que reglas sociales y morales se minimizan ante los deseos, secretos y ambiciones que se reprimen en el estado consciente con el afán de ser parte armonioso de una realidad especifica y externamente compartida como son las sociedades donde vivimos una cotidianidad, el sueño es estado más sincero del ser humano.

El planteamiento podría parecer de ciencia ficción, pero resulta que no es completamente así, no existe una sociedad altamente modificada en su tecnología a la actual, solo queda la posibilidad de tener sueños compartidos, de generar universos a partir de la memoria y de poder manipular la realidad en momentos y formas comunes desde una especie de laberintos para encerrar las mentes y lograr extraer información importante o insertar una “idea” que será pensada como un pensamiento original, complicada tarea del protagonista Cobb (Leonardo Dicaprio), quien reúne a un grupo de especialistas en el espionaje corporativo para el que se tratará de un último trabajo, que lo liberará de una persecución relacionada con la misma manipulación de los sueños. Este último se concentra en tratar de disolver un imperio corporativo implantando esta idea, lo que se convierte en el tema principal de toda la narrativa, generar una idea sencilla en la mente del individuo, cosa que no debería ser difícil en un principio, pero que es sumamente compleja cuando se trata de hacerla creer como idea del propio afectado, la fuerza de una idea es muy contagiosa, pero casi siempre se tiene consciencia de este contagio, el promover todo un universo a partir de una simple idea, sin duda una idea brillante expresada en una narrativa cinematográfica impresionante.

 Las formas de la realidad es un juego muy bien ilustrado por el director, explicado paso a paso por Cobb (Leonardo Dicaprio) en las instrucciones pacientes y extendidas que le hace notar a la joven reclutada Ariadne (Ellen Page), quien con frescura y ambición construye los laberintos por los cuáles hondan profundamente en las mentes de todos, y que advierte la complicada mente de su mentor y el recuerdo de su esposa quien oscurece y violenta la misión al no querer olvidarla. Las relaciones de una realidad “real” con leyes y reglas convencionales se diluyen principalmente en el tiempo, que se alarga hasta convertirse en realidades completas, en vidas totales, en donde los personajes pueden generar una experiencia de vidas a través de los sueños. Muchos temas se pueden manejar a partir de una obra tan atractiva a la vista y a la mente, el sonido se vuelve un modular para la tensión creciente a la que el autor nos tiene acostumbrados, los espacios se traspasan y el tiempo se estira y se encoje no solo en nuestra percepción, sino también en la realidad, la película dura más de dos horas pero no genera cansancio. Christopher Nolan ha creado toda una discusión al contagiarnos la idea de cómo construimos nuestra realidad y esta relación con los sueños, porque al final la discusión no es la historia de amor, los hijos de Cobb (Leonardo Dicaprio) o una crítica al mundo del corporativismo, sino como nos manejamos como individuos “egoístas” y “sociales” en este juego de realidades.

Se percibe una esencia integradora social y cultural en una historia que no es completamente original, pero que en su tratamiento genera una reflexión que se ha perdido en el cine comercial e inclusive en el de “arte”, no demerita al público como Hollywood ni trata de confundirlo en una conceptualización incomprensible estilo David Lynch, su nulidad arrogante le otorga brillantez.

El Atentado ¿Originalidad Repetitiva?

•19 agosto 2010 • 4 comentarios

  

El Atentado – 2010 – (México) – Calif. 6.1/10 

Duración: 120 Min. 

Dirección: Jorge Fons. 

Guión: Fernando Javier León Rodríguez, Jorge Fons & Vicente Leñero; Basado en la novela de Álvaro Uribe. 

Producción: Diego López Rivera, Mónica Lozano Serrano, Mariano Carranco, Enrique Espinoza, Leonardo Zimbrón & Alfonso Soto. 

Producción Ejecutiva: Mónica Lozano Serrano. 

 Cinematografía (Fotografía): Guillermo Granillo. 

Dirección de Arte: Ezra Buenrostro. 

Edición: Sigfrido Barjau & Miguel Salgado. 

Música: Lucía Álvarez. 

Reparto: Daniel Giménez Cacho (Federico Gamboa), José María Yazpik (Arnulfo Arroyo), Julio Bracho (Eduardo Velázquez), Irene Azuela (Cordelia Godoy), Arturo Beristáin (Porfirio Díaz) Salvador Sánchez (Antonio Villavicencio), José María de Tavira (Álvaro Mateos), María rojo (Madre de Arroyo), Mario Zaragoza (Genovevo), Angélica Aragón (Tía Avelina), Iazua Larios (Tencha) & Dolores Hereda (Bonifacia). 

Género: Cine Mexicano, Drama, Histórico. 

Las festividades sobre el “Bicentenario” – “Centenario” parecen tener un ritmo, un significante y una repetición lúgubre y tensa en la sociedad mexicana, repetitivo en el sentido de que según se puede leer entre líneas la historia oficial, pese a los 100 años después, las injusticias y demás ideales que supuestamente la revolución trató de cambiar, y que no se han logrado consumar, y es que gran parte de nuestra población se mantiene en una miseria aborrecible. Por lo tanto existe una revolución que no ha terminado, o más bien que no realizó los cambios prometidos e institucionalizándose en el camino. En el sentido del cine, como un arte popular, nunca ha podido renovarse de esta gran carga histórica, cultural y social, y es que el cine muchas veces trata de formar una identidad hasta nacional, el gran error de este cine mexicano que podemos llamar “institucional” es que utiliza mucho la repetición de estereotipos, utiliza valores, imágenes y símbolos que han sido semejantes durante toda su historia, y en el caso de la nueva película de Jorge Fons “El Atentado”, no existe una propuesta más allá del discurso político que denuncia los mismos males de nuestra sociedad y de nuestra sistema político, pero no veamos eso como algo negativo, tal vez sean las “historias” que se tornan repetitivas simbólicamente lo que cansa a un público que en principio no quiere una “comercialización tipo Hollywood” en un cine nacional, pero que si requiere de historias de calidad y replanteamientos en estos “estereotipos” trillados del llamado “Cine Mexicano”. 

“El Atentado” del prestigioso y laureado director Jorge Fons (El Callejón de los Milagros, 1995) es un ensayo cinematográfico que presenta su originalidad directa en el guión y en la forma en que es contada una historia de intriga política, drama y hasta erotismo, pero falla principalmente en la profundidad de un tema basado en hechos reales, en unos personajes desconocidos o no vistosos de la historia de México, a excepción del escritor Federico Gamboa, y en un evento histórico que no es muy reconocido como parte importante de la construcción de nuestra nación, y en los personajes principales que formaron parte de tan interesante suceso, un atentado fallido en contra del “intocable” Porfirio Díaz, en su momento de gran poder simbólico y real. La historia nos cuenta gradualmente a través de la perspectiva de cuatro personajes, tres hombres que en algún momento fueron amigos y una mujer muy cercana sentimentalmente a los tres, que representan partes de la estructura social y cultural de México, guiados por la voz narrativa del propio Federico Gamboa (Daniel Giménez Cacho), quien a través de una indiferencia entendida culturalmente desde la lógica “mexicana” y hasta latinoamericana, se van presentando las situaciones como consecuencias de nuestra misma idiosincrasia. 

La historia pretende ser original en su forma de contarla, su narración es un poco desordenada, no respeta el tiempo original de la historia y dentro de un cine “industrial” mexicano esto es algo realmente novedoso, sin duda tomado de aquellas estructuras de las cuales el cine norteamericano se ha aferrado para agilizar las historias y mantener en cierta tensión al espectador. Muy acertada es la inclusión de la historia pequeñas islas en forma de teatro popular y cómico donde explican a maneras de parodias los sucesos relevantes que se llevan a cabo en pantalla, un verdadero descanso de la tensión política y hasta policiaca que es llevada con ciertos tintes de humor negro, pero que se pierde en uno de los grandes vicios del cine mexicano, los abusos en una “expresión de la mexicanidad” en diálogos y representaciones de personajes, una repetición de la historia de esta cinematografía. 

“El Atentado” se presenta en estos días como una crítica al abuso del poder y a la desvirtuada participación de los medios de comunicación, y en como mantienen estas estructuras de injusticia, una visión del presente a través de sucesos del pasado, tratando de generar conciencia de manera directa en un juicio moral a la propia ciudadanía, quienes hemos dejado que la corrupción y sus diversos matices dominen gran parte de nuestra cotidianidad. Este proyecto es apoyado por el IMCINE (Instituto Mexicano de cinematografía), ganadores del concurso para proyectos de largometraje, lo cual genera suspicacias sobre las verdaderas pretensiones, principalmente ya que orgullosamente y mediáticamente se refugian en la crítica social y en el cuestionamiento del sistema social dominante que se mantiene desde el “Porfiriato” hasta nuestros días, un sistema que indirectamente ha sido la principal fuente de ingresos de su producción. 

Al finalizar el extenso y bien contado relato, técnicamente es impecable, se pierden ciertas construcciones en los personajes, contenido que puede ser comprendido ya que cuenta con 4 personajes que pueden ser considerados protagonistas, en especial con el que interpreta José María Yazpik, “Arnulfo Arroyo”, quien protagoniza directamente el acto principal, y que genera la simpatía del público al representar al “pueblo”, pero que es presentado de manera incompleta, ya que se trata de un pasional individuo decepcionado de su gobierno, del que ha perdido la esperanza de un bienestar, por el que se expresan temas ideológicos de ese contexto histórico, el anarquismo como una forma de rebelarse ante la opresión de un sistema fallido para la mayoría, pero que es demeritado en la mera anécdota o como parte de las razones por la cual este personaje intenta un “atentado” en contra del presidente de la nación, aunque claro, el mismo relato aleja cualquier posibilidad al relegar como principales motivos todo un juego político, en una intriga y búsqueda del poder. 

Una película que resulta festiva, institucionalmente correcta y oportuna en el marco de las celebraciones del “Bicentenario-Centenario” en México, con un Jorge Fons que no pierde el encanto al contarnos una historia ingeniosa, pero con esa interrogante sobre su creatividad ante un proyecto de tanto presupuesto (80 millones de pesos aprox.) y de tal temática. Una obra de gran calidad en su producción e interpretación, una casi perfección como “cine de la industria”, con grandes interpretaciones de tal vez los mejores actores en México, como lo son José María Yazpik, José María de Tavira, el grandioso Daniel Giménez Cacho, el impecable Arturo Beristáin y la guapa Irene Azuela. Un ejemplo de gran producción, pero un recordatorio de que a este tipo de cine en México todavía le falta arriesgarse en los temas y en sus propios vicios, un discurso repetitivo e inacabado, que a pesar de ser una película más ingeniosa e inteligente que las últimas “superproducciones” como lo fue “Arráncame la Vida” (Roberto Sneider, 2008), no propone más allá de una calidad industrial, esperando generar un gran público y crear los cimientos de una “industria cinematográfica”, sacrificando la conjunción de esto con una propuesta artística. Lamentablemente esta película de grandes artistas no expresa nada que no se haya dicho a través de los años como una obra de “Cine Mexicano”, ya preconcebido como género en sí mismo.

Mono Disfrazado

•12 agosto 2010 • Dejar un comentario

El Informe Toledo – 2009 – (México) – Calif. 7.0/10

Duración: 87Min.

Dirección: Albino Álvarez.

Guión: Albino Álvarez.

Producción: Albino Álvarez, Enrique Díaz Álvarez., Gustavo Picasso & Sara Medina.

Producción Ejecutiva: Albino Álvarez.

 Cinematografía (Fotografía): Martín Boege & Ángel Camacho.

Dirección de Arte: —————-.

Edición: Omar Guzmán.

Música: Steven Brown.

Reparto: Francisco Toledo.

Género: Documental.

El documental como género cinematográfico tiene como principal pretensión la de mostrar una historia y de hondar en una verdad de manera no ficcionaria, estamos hablando de que los datos y el discurso general de la obra cinematográfica documental parte de contar una realidad sin metáforas ni simbolismos tan abstractos como se suele suceder en una historia de ficción, mostrar los personajes, situaciones, ideologías o cualquiera que sea el protagonista de la historia desde la realidad del autor y del propio espectador. Albino Álvarez nos guía por parte de la vida y obra del artista oaxaqueño Francisco Toledo, importante en la cultura de todo México, un personaje que ha influido en muchos aspectos a la sociedad y cultura mexicana desde mediados del siglo pasado, y que debido a su timidez y a su verdadera humildad, muchos, en los que me incluyo, no conocíamos el legado de tal personaje. Este tipo de documentales nos permite conocer de primera fuente a personajes relevantes de la sociedad, pudiendo sembrar un interés real en la obra y en lo que, en este caso el artista, expresa a través de una vasta obra, que ha asombrado, como suele suceder, más a observadores internacionales, sobre todo europeo, que aquí en México. Aunque hay que tener siempre cautela, si bien es un documental, el cuál trata de poner siempre los hechos reales sobre la mesa, estos datos estarán sujetos a una narrativa y a un punto de vista subjetivo del propio autor, a pesar de que abogue recurrentemente a una objetividad en el propio tema, habrá momentos en los que se satanice o mitifique. En este caso el artista gráfico Francisco Toledo y el documentalista se relacionan en una extenuante investigación que va en direcciones de “amor y odio” en distintas ocasiones, y que son visibles en el trabajo final, en el “Informe Toledo”.

Inmediatamente el documental te atrapa, para quienes lo observan sin saber nada de su contenido se presenta de una forma muy peculiar, el relato de Franz Kafka, “Informe Para Una Academia”, es el texto de fondo acoplado a la misma vida del autor, resultando grandes similitudes. Lo expresado por esta obra literaria en conjugación  con lo que expresa el cineasta sobre su personaje nos ayuda a entender que este mismo protagonista es demasiado consciente de su medianía con el mundo que lo rodea, pero que al mismo tiempo se da cuenta en explosiones espontáneas el asombro  y la reflexión que emana y representa. Dentro de un nuevo estilo de documental, la agilidad y velocidad de la que hace uso el director no deja lugar para el aburrimiento, no es el clásico documental “cultural”, su exhibición en cines comerciales es posible, ya que recuerda el estilo de Alex Gibney y de otros documentalistas actuales, que juegan con ese “hacer justicia” al desconocido pero brillante y muy influyente para toda una cultura, su importante aportación, un reconocimiento y redescubrimiento.

Existe un lado salvaje que se evidencia desde el principio del documental, y que es representado en una serie de animaciones durante toda su duración. El pequeño escrito de Franz Kafka y la obra casi completa de Francisco Toledo es una unión involuntaria que se forma gráficamente en la mente del espectador, un retrato improvisado de un artista que nunca quiso ser representado, pero que tampoco trata de evitar un repaso a sus acciones. El relato de Kafka es sobre un pequeño mono que ha sido capturado y obligado a civilizarse, a comportarse como humano, y Toledo es un artista que se vio obligado a expresarse a través de su pintura y de una conciencia social constante debido a las particularidades opresoras de su realidad inmediata, Oaxaca es la jungla de la cuál es capturado y tiránicamente expulsado para que en su proceso civilizatorio comprenda que nunca será más que su propio lugar de origen. Sus auto-retratos son la representación exactas de la visión de sí mismo, un juego entre la barbarie y el hombre, un juego que muchas veces se nos olvida es esencial a nuestra existencia.

El conflicto sucede para el documentalista cuando se trata al personaje desde el campo de lo político, el intento de mostrar los menos detalles posibles, tal vez influenciado por la misma personalidad de Toledo, quién no precisa ningún tipo de reconocimiento o abucheo, la vida de estas dos partes conviven de manera cotidiana, el artista y el político es un constante recordatorio de la extraña y temible realidad que vivimos los latinoamericanos.

A pesar de que el documental explica de manera audiovisual el trabajo de un artista gráfico, y que al parecer se trata de técnicas, habilidades y expresiones muy distintas, el debate sobre la validez y demás conceptos ligados a que el arte pueda expresarse mediante el arte mismo, llegan a lo que algunos entienden como la posmodernidad del arte. El arte por el cine, la mezcla de disciplinas en el arte no es algo extraño, el mismo arte puede lograr convertirse en una expresión artística y al mismo tiempo divulgador de su esencia. El arte solo se logra si genera un asombro, en este caso podemos decir que se cumple a medias, el documental de Albino Álvarez es un entretenido ensayo incompleto, por si mismo no asombra, lo que logra el asombro es el tema protagonista que aparece en pantalla, el descubrimiento o redescubrimiento de Toledo.

En momentos el documental se torna muy pretencioso, en otros se puede palpar un alma periodística, la fluidez y el interés ávido del espectador por un Toledo que se descubre apasionante no termina de completarse, la misma timidez del protagonista, que lo vuelve enigmático, asombroso y que lo engrandece es el último y principal obstáculo del autor cinematográfico. A Toledo no le importa ser representado en la pantalla, al documentalista parece que al final tampoco, esta pérdida de pasión al final queda evidenciada en los diversos fragmentos inacabados de un personaje que en su expresión individual representa a toda una cultura.

La Culpa Eterna, La Sangre de la Vida, La Oscuridad del Vampiro.

•16 julio 2010 • 1 comentario

Bakjiw (“Sed de Sangre”) – 2009 – (Corea del Sur) – Calif. 8.0/10

Duración: 133 Min.

Dirección: Chan-wook Park.

Guión: Chan-wook Park & Seo-Gyeong Jeong / Basado en la novela de Émile Zola “Thérèse Raquin”.

Producción: Chan-wook Park, Ahn SooHyun, Joon H. Choi, Hak-beom Kim, Ki-moon Nam & bob Seh.

Producción Ejecutiva: Miky Lee & Katharine Kim.

 Cinematografía (Fotografía): Chung-hoon Chung.

Dirección de Arte: Seong-hie Ryu.

Edición: Jae-beom Kim & Sang-bum Kim.

Música: Young-ook Cho.

Reparto: Kang-ho Song (Priest Sang-hyeon), Ok-bin Kim(Tae-ju), Hae-sook Kim (Lady Ra), Ha-kyu Shin (Kang-woo), In-hwan Park (Priest Noh), Dal-su Oh (Yeong-doo), Young-chang Song (Seung-dae), Mercedes Cabral (Evelyn) & Eriq Ebouaney (Immanuel).

Género: Fantasía, Drama.

En estos días las salas de cine se llenan de ávidos adolescentes que se emocionan y retuercen debido al relato “emo-romántico” “Eclipse”, con vampiros que logran soltar suspiros y hasta hombres lobo que son considerados “Súper Sexys”, y claro no podemos olvidar el objeto del deseo entre dos razas súper naturales, una joven que no sabe a quién debe corresponder su amor, y que sufre desesperadamente debido a un drama adolescente que ofende a las mentes jóvenes, y que a pesar de su obviedad transparente y ridícula, los fanáticos de la historia no se han dado cuenta de tales ofensas. Toda la miel insípida que expresan en pantalla, las lagrimas y el dinero que continuará por lo menos un par de semanas más en cartelera, y lo más terrible del asunto es que esta “saga” es ya anecdótica del cine de inicio del siglo XXI, y viene deformando la esencia de los vampiros desde hace ya 3 años. Esta mención se coloca en perspectiva ya que al mismo tiempo se ha estrenado una película que trata el tema de los vampiros, pero desde una perspectiva mucho más elaborada, desde una mente artística cinematográfica, que a pesar de provenir de una cultura distinta a nuestra visión del mundo asombra a cualquier espectador, una historia que vale la pena ver del autor de Corea del Sur Chan-wook Park.

Chan-wook Park es reconocido en todo el mundo por su trilogía de venganza, que logró premios y aplausos en todo el mundo, y para esta nueva entrega no desentona en ese sentido, ganando en festivales por todo el orbe, destacando el famosísimo y muchas veces sobrevalorado Cannes, aunque en este caso fue bien merecido. “Bakjiw” o “Sed de Sangre” como lo tradujeron en México, trata sobre la historia de un joven sacerdote católico de Corea del Sur, con un interés filantrópico extraño, ya que conjuga la religión con la ciencia. Este decide ir en una misión hacia un lugar en África, donde una extraña enfermedad está matando de forma terrible solo a hombres asiáticos y de raza blanca, durante su estadía y tratando de descifrar una cura en un laboratorio, el sacerdote es infectado, lo que dará paso a su inmiente muerte por hemorragias, pero durante el procedimiento normal para tratar de salvarle la vida, en una transfusión de sangre al parecer normal, se recupera milagrosamente, lo que le permite regresar a su lugar de origen donde es tratado como salvador y poseedor de milagrosos poderes, pero sorprendentemente rápido se da cuenta de que el olor de la sangre y su sabor lo atraen frenéticamente, hasta darse cuenta de que sin ella no puede sobrevivir, se ha transformado en un vampiro, y en uno bastante extraño, un fiel católico que debe servirse de la sangre de otros para sobrevivir.

El gran acierto del director comienza en la tenue transformación de las imágenes, que van de expresiones brillantes a una sensación opaca que va llenando poco a poco la historia, hasta convertirse en una relato completamente oscuro y que en tonos grisáceos expresa de manera fantástica y hasta literaria la esencia vampírica: la elegancia en la mirada, el atractivo sexual, la culpa y la desesperación de una supuesta eternidad bajo las sombras. Y gracias a estos elementos de lo que el cine y la literatura nos han hecho entender como la “esencia del vampiro”, el autor juega con ellos y con otros símbolos que son parte de su vida como católico, y que en México podemos comprender, sobre todo por el pasaje de las celebraciones dominicales sobre beber la sangre de Cristo, representada en el vino. La eterna culpa, la sangre, el pecado, el sexo, el catolicismo, todos símbolos de sociedades dominadas por ese sentimiento de culpa que hace que sea un vampiro muy humano en principio.

La sangre es la salvadora en la historia de Chan-wook Park, eterno mito del cristianismo que ha impregnado en dos mil años el arte de su misticismo redentor, en la transformación del vino en sangre. El protagonista no solo cae ante la tentación de la inmortalidad de su condición, su lucha interior frente a la moralidad católica y la necesidad biológica se pone de entredicho desde un principio, sobre todo cuando acepta a la ciencia en su investigación como método necesario para combatir el sufrimiento, elemento esencial en la vida del católico; claro sin olvidar mencionar el deseo sexual, natural en el ser humano, anti-natural en el celibato de los representantes del catolicismo. Y es por esta pasión, por la ciencia y la necesidad de formar un lugar mejor, que en su momento de convertirse en un mártir, momento extraordinario para la vida cristiana, revive para comenzar un sufrimiento y un gozo desconocido encontrado en el pecado, y que a pesar de su resistencia moral y física decae en un torbellino de pasión y de violencia fantástica. Un elemento que mencionar es que en la historia se combinan de manera magistral elementos actuales sobre películas consideradas de género, como “zombies” y “vampiros”, ya que la transformación se da mediante una transfusión de sangre contaminada, elemento completamente “zombie”, y la dotación de fuerza, inmortalidad y debilidad a la luz del sol clásico de cualquier historia de “vampiros”. Pero la esencia se encuentra en la misma “culpa”, y en la pelea entre el placer y la condena de una eternidad sedienta y caníbal.

Un gran ensayo sobre la moralidad católica con respecto a la lucha individual de una maldición no merecida, vivir bajo las sombras y el remordimiento de una vida de pecado que incluye el asesinato y cualquier tipo de deseo carnal. Su compañera es un atinado complemento para entender el debate moral de nuestros tiempos, ya que el sacerdote debe luchar constantemente con la fe católica como arraigo a la sociedad, contra el elemento primitivo de la sexualidad y del hambre que lo llega a sorprender en su unión con una mujer, que al no ser católica, no expresa ese mismo sentido de culpa, y por lo tanto tampoco de arrepentimiento. Una obra de autor que mantiene el interés en todo momento del espectador en sus más de dos horas de duración, una historia que puede ser bien entendida en casi cualquier parte del mundo cristiano. Aunque no llega a la extraordinaria carga de crítica y conciencia social de su trilogía sobre la venganza, es más una crítica a la moralidad de la iglesia católica (que no se confunda ya que no critica a la religión como filosofía). Una historia fuerte en los elementos representados, pero irónica en su mensaje, tal como lo explica el propio Chan-wook Park: “La clave de la misa católica es tomar vino, que simboliza la sangre de Jesucristo. Por tanto, creo que es muy natural que esta persona se convierta en vampiro. Este cura, acostumbrado a tomar la sangre de Cristo, quien salvó a la humanidad, ahora se convirtió en vampiro y debe matar a las personas para poder sobrevivir con su sangre. Con esta situación, su dolor aumenta. Puede decirse que es una tragedia, pero también maneja mucha ironía” (Tomado de lajornada.unam.mx, Jueves 8 de Julio de 2010, http://www.jornada.unam.mx/2010/07/08/index.php?section=espectaculos&article=a12n1esp.

¿Rebeldía Imberbe?

•8 julio 2010 • 1 comentario

Youth in Revolt – 2009 – (Estados Unidos) – Calif. 6.5/10

Duración: 90 Min.

Dirección: Miguel Arteta.

Guión: Gustin Nash / Basado en la Novela de C.D. Payne.

Producción: David Permut, Miranda Freiberg, Steve Longi, John A. Amicarella, Jordana Glick-Franzheim & Ben Ormand.

Producción Ejecutiva: Nan Morales, Bob Weinstein & Harvey Weinstein.

 Cinematografía (Fotografía): Chuy Chávez.

Dirección de Arte: Gerald Sullivan.

Edición: Andy Keir & Pamela Martin.

Música: John Swihart.

Reparto: Michael Cera (Nick Twisp & Francois Dillinger), Portia Doubleday (Sheeni Saunders), Jean Smart (Estelle Twisp), Zach Galifianakis (Jerry), Steve Buscemi (George Twisp), Ari Graynos (Lacey), Ray Liotta (Lance Wescott), Justing Long (Paul Saunders) & Fred Willard (Mr. Ferguson).

Género: Comedia.

Pasando la temporada de estrenos espectaculares y grandes campañas publicitarias dentro del cine comercial, sigo sin entender que tratará, y francamente no me interesa, la nueva película de Tom Cruise, sumergirse en la poca oferta de variedad en los cines es difícil. Escarbándole a las carteleras encontramos a una interesante comedia juvenil, tal vez arrinconada y estigmatizada debido a la brillantez de aquellos genios de la mercadotecnia que se encargan de traducir los títulos de las películas en nuestro país, en este nuevo caso un título que sería muy sugerente, “Youth in Revolt”, se ha transformado en el cliché de “La Chica de mis Sueños”. Pero que el poster y el título no os dejen engañar completamente, aunque no se trata de una obra completamente reveladora, sino que se trata de una simpática historia de adolescencia que cuenta con la imagen del actor “nerd” del momento, Michael Cera, el mismo que hace un par de años nos sorprendería como el inocente que embarazaría a la genial Juno en el filme de Jason Reitman. Aunque se trata de una película para adolescentes, su atrevimiento parte de un guión muy bien estructurado, algo que se ha estado realizando en últimas entregas, donde los clichés se usan como “tributos pop” y la construcción de los personajes es un trabajo de narración, o si no vean películas gringas de este tipo como “Superbad”, “Zombieland” e inclusive la nueva “Kick-Ass, todas estas películas bajo el frenético ritmo del nuevo Hollywood, del cual tiene mucho que ver Judd Apatow.

A pesar de tener todos los ingredientes de una comedia de esas simples palomeras, de aquellas que exceden en los gags ya conocidos del adolescente que intenta por todas las formas perder su virginidad, pero sin rebajarse a cualquier chica, y que se ve enredado entre el esfuerzo y el deseo de debutarse con la más bella e inteligente chica de todos los alrededores, nos encontramos con la entrega más reciente del director norteamericano de origen puertorriqueño Miguel Arteta, miembro de la escena independiente de Hollywood, y de quien destacan sus obras anteriores “Chuck y Buck” y la inquietantemente contemplativa “The Good Girl” (Una Buena Chica). Por eso se trata de una película contada dentro de ciertas características narrativas que hacen recordar ese ritmo independiente, un poco lento pero suficientemente bien llevado en las representaciones ordinarias y extraordinarias de los personajes. En el caso de esta película, trata sobre un adolescente lleno de hormonas y de ilusiones casi literarias por encontrar a la chica con la cual perderá esa condición de virgen, de pronto sucede que necesita cambiar su actitud a una rebeldía infernal, para esto se crea un “alter ego” que va de lo francés a lo sociópata, generando un caos, y que lo ayudará a resolver sus problemas, claro no sin generar bastantes risas por los atrevimientos de un personaje que representa casi todo lo contrario a la cara del actor.

A la mitad de la película uno se da cuenta de que este “alter ego” es toda una construcción retomada de la literatura, del cine francés, de la rebeldía hollywoodense de los años cincuenta y sobre todo de la película de David Fincher “Fight Club” (El Club de la Pelea, 1999), volviéndolo un “Tyler Durden” en la pubertad, ya que el protagonista consigue todo lo que quiere a través de esta otra personalidad, un ser seguro de sí mismo que crea planes locos y arriesgados para conseguir a la chica, escapar de la casa de su mamá y de la policía debido a que la destrucción aumenta cuando esta otra personalidad se apodera de casi todo su ser. Aunque no es una relación externa y desconocida como en “Fight Club”, es más bien un complemento del protagonista, apareciendo en pantalla con él en todas sus intervenciones, en unos pantalones blancos y una camisa azul, donde realiza todas las locuras con la sorpresa en la mirada del personaje, inclusive le da peticiones de que sea más agresivo.

Aunque la película no es mala de principio, tampoco se trata de una obra memorable, todo el argumento se centra en el deseo por una chica, cuestión que se explota cientos de veces al año por Hollywood y por casi cualquier cinematografía, el amor por una chica, ese amor que lo puede todo, inclusive la desgracia, el caos y la violencia, sin olvidar los malentendidos que siempre ocurren, por eso no se trata de nada nuevo. La esencia independiente de Miguel Arteta nos traslada a lugares donde casi cualquier hombre puede identificarse, esa persistencia ciega que nos hace cometer muchas estupideces para conseguir lo que queremos, muchos dirán que es el amor, otros son más cínicos como el propio Arteta o Judd Apatow, ya que el amor resulta como una consecuencia de una calentura y de una confusión hormonal al principio, y los ejemplos son muy bastos en casi todas las películas de adolescentes, desde “Hombre Lobo Adolescente” hasta las más explícitas “American Pie”. Por cierto existe una cierta fascinación explícita por evidenciar la masturbación masculina, y que llegan a tener razón, es más cotidiana y natural de lo que se cree, un “gag” que puede seguir siendo explotado.

Además del uso de referencias a la sexualidad de estos chicos, el uso de drogas y la violencia llenan a estas historias con elementos clásicos del cine norteamericano, pero contados desde una perspectiva distinta, formas de escape de una ilusión de realidad aterradoramente cotidiana y agresiva con  el protagonista, y que mejor forma de romper, que romper con todo de manera violenta como en la explosión del auto a mitad de la película.

Miguel Arteta llega con una película palomera de principio a fin, con sus toques ingeniosos y geniales sobre todo dentro de cada personaje, deja de lado la tragedia como principal catalizador para la risa o la reflexión (y que utiliza de forma genial en “The Good Girl”), y como las comedias de nuestros días va formando una “bola de nieve” de sucesos en un ritmo no muy convencional, y eso es lo que más se rescata, su anormalidad en un mercado lleno de blufs, lo que termina resultando pero con algunos momentos de verdadera risa.

La Onda Chida del Súper Ocho.

•7 julio 2010 • 1 comentario

Luz Externa – 1973 – (México) – Calif. 6.8/10

Duración: 25 minutos Aprox.

Dirección: José Agustín.

Guión: José Agustín.

Producción: José Agustín.

Producción Ejecutiva: José Agustín.

 Cinematografía (Fotografía): Sergio García.

Dirección de Arte: José Agustín.

Edición: José Agustín.

Música: Carlos Anguiano & Salvador Rojo.

Reparto: Gabriel Retes (Hombre), July Furlong (Mujer) & Antonio Huerta.

Género: Súper Ocho, Drama.

El cine en México, como en casi cualquier otro país, ha encontrado un estancamiento en ciertos estándares de calidad y sobre todo en la falta de creatividad a través de las épocas ocasionada por estereotipos y lugares comunes, en el caso del cine mexicano la llamada “época de oro” terminó con la implantación de una expresión artística “oficialista” y monopolizada por el gobierno y algunas figuras que no permitían que las nuevas vanguardias o expresiones que provenían del extranjero pudieran ser influencia directa para renovación y expresiones de nuevos artistas, principalmente provenientes de Europa y en especial de Francia, de directores como Jean-Luc Goddard o inclusive de la escena independiente norteamericana como las películas de John Cassavetes. México de repente se quedó sin una cinematografía de calidad que pudiera ser exhibida a un público extenso, pero para ese entonces la tecnología sobre la fotografía y por lo tanto en las cámaras de cine habían dado ya un gran avance, el súper ocho se convertiría en la versión compacta y económica de filmar, y en todo el mundo comenzaría a recorrer la idea de que hacer cine es posible, de que no es necesario estudiarlo formalmente, ni tampoco de necesitar un presupuesto enorme para su creación, y entre esas personas entusiastas se encontraría el escritor José Agustín, quien como muchos otros artistas encuentra al cine como un espacio de expresión fascinante por la forma estética que puede generar. Gracias a esta pequeña obra de apenas unos 25 minutos llamada “Luz Externa” podemos ver como el movimiento estudiantil de los años sesenta y setentas, así como con la llamada literatura de la onda, se ven representados en una obra simpática.

La historia trata sobre un hombre joven y sus relaciones cotidianas en un mundo en constante cambio, sus facetas con su familia, con su novia, con sus amigos y con la constante aceptación y negación de una sociedad como la ciudad de México. Él, siendo un “hippie” se da cuenta que su forma de ser trae consigo resultados positivos y negativos, entre los temas que podemos observar dentro de la historia resalta el uso de drogas como algo cotidiano en la vida del joven, y que bien podría representar a casi toda la juventud de esa época y hasta actual, la constante lucha y debate sobre si el uso de estas sustancias, como la mariguana, los hongos alucinógenos y el lsd generan una nueva forma de pensar el mundo o es simple “estupidez” y destrucción de cada individuo. Al ser un cortometraje rodado en súper ocho el sonido directo resultó ser un problema, por eso la versión que llego a mis pupilas contiene una narración externa, pero que le dota de un sentido muy singular, ya que parece que el guión queda casi intacto de la obra literaria, el cuento de José Agustín del mismo nombre.

Lo que más llama la atención es que trata a la juventud como parte activa de la sociedad, su incidencia política y de verdadera acción en cuestiones importantes como la política, la cultura y las artes es de suma importancia, ya que debido a historias y películas como esta se le reconoce un papel fundamental en la sociedad a este estado del individuo entre el niño y el adulto. Se crea la conciencia del joven, que pretende cambiar y mejorar la realidad venidera que le abruma, o en casos como el del protagonista, el tratar de crearse una forma de vida diferente a lo que se espera de él, rebelarse frente las estructuras que oprimen y tratan de estructurar al individuo en espacios ya establecidos, en instituciones como la familia, la política y la cultura. Los pasajes del corto pueden ser exagerados debido a la forma literaria de José Agustín, pero como los jóvenes que tienden a exagerar las experiencias volviéndolas míticas y comunes esos recuerdos de desobediencia y experimentación, lo que se aprende de ellas, fiestas, excesos y aventuras conforman el carácter del individuo como parte de una generación, cosas por las que uno debe pasar para poder construir la imagen de un mundo cambiante, ya sea que uno tome este camino “hippie” o lo reconsidere a la mitad de este.

Existe un momento en donde las actitudes subversivas son cuestionadas no solo por el poder al que se le rebela, sino por aquellos otros que han intensificado o han dicho encontrar el punto neurálgico de todo un problema social, esta es la bifurcación que toma el buen protagonista personificado y narrado por Gabriel Retes, a quien le acusan de simple vividor y de ser un individuo sin conciencia al usar las drogas como escape y forma de reflexión individual. Esto representa una parte crucial de la década y de la forma de pensamiento de la época en la que fue hecho el cortometraje, ya que la lucha por los derechos civiles y por una sociedad más justa llenaba los espacios alternativos en universidades y en las artes, defendidos férreamente frente a una opresión violenta y terrible que tendría su clímax en el episodio de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, solo unos años antes de la realización cinematográfica de José Agustín. Esto también nos pone en perspectiva debido al poco presupuesto y a la prácticamente nula exhibición de esta película, que no tendría libertad sino hasta nuestros días.

El uso del lenguaje en la película representa a una juventud que se encontraba justo en medio de influencias en un mundo que comenzaba a globalizarse tras expresiones culturales como la chicana, el rock estadounidense y británico de bandas como The Beatles, The Rolling Stones, Janis Joplin, Led Zepellin y Pink Floyd. Un inicio sobre la importancia de la cultura pop en nuestra cotidianidad, palabras como “chido”, “cámara”, “agarra la onda”, además del uso de drogas “ilegales” como elemento central en la formación de mentes más abiertas.

La fantasía del súper ocho es una melancolía de los cinéfilos, es como grabar en cine pero chiquito, su estética es menos cruda que la del video moderno, además uno recuerda grandes maestros como los mencionados John Cassevetes, Pedro Almodóvar, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola en sus inicios, quienes también utilizaron el muy parecido 16 mm, como Quentin Tarantino, referente de la cinefilia actual.